da, con el pulso acelerado y un nudo en el estómago que no logro deshacer. El edificio es una mole intimidante, con sus líneas rectas y su brillo oscuro que reflejan poder puro, como si gritara que a
después de estirar mi presupuesto hasta el lími
a, arrancando el motor y dejándome sol
ne anclada a la realidad, y me obligo a dar un paso adelante. No entiendo cómo llegué aquí, cómo una desempleada como yo, con más tropiezos que éxitos, terminó postulándose para cu
de lo que quisiera admitir y unos zapatos negros desgastados que chillan "rebaja" con cada paso. Mi cabello castaño está atrapado en una coleta desaliñada -no tuve tiempo ni energía para pelear con él-, y las oj
lanco brilla tanto que casi me ciega, las luces cuelgan del techo como joyas flotantes, y detrás de un mostrador minimalista está una recepcionista que parece haber salido de
a, y carraspeo para no so
ista... la de niñera -digo, pero mi voz se qui
ectamente delineada y che
la derecha. No llegues tarde -responde, cortante como
mientras me giro hacia el ascensor, con las
blusa con dedos nerviosos. Las puertas se abren con un siseo, y salgo a un pasillo gris y silencioso, con alfombras tan gruesas que mis pasos no hacen ruido. Un cae parecen joyas. Otra, de cabello negro y liso como un río de tinta, revisa una carpeta llena de documentos que deben ser credenciales impecables. Una pelirroja de piernas interminables se retoca el lá
ruzo los brazos para esconder mis manos temblorosas. Miro alrededor, intentando no parecer tan fuera de lugar, pero es imposible. Estas mujeres son candidatas de ve
llena la sala, y capto
s -susurra la rubia a una compañer
s -comenta la pelirroja, y hay un brill
guapo, pero te corta el aliento de miedo -agrega una m
omo alguien que podría estar a unos pasos de mí, alguien real. Mi estómago da un vuelco, y no sé si es por los nervios o por imaginarlo frente a mí, juzgándome con esa mirada que
hasquido que me hace brincar. Una mujer de traje gris aparece, tablet en mano, con e
bre, pasen a la oficina principal. No hablen a menos que
ro mover la cabeza. Mi boca está seca, y siento que mis piernas podr
raje sastre se levanta con una sonrisa
do sale, su rostro está pálido y camina rápido, como si huyera. ¿Qué pasó ahí dentro? Mi ansiedad crece mientr
zan a circular en
o el hielo -
es -dice otra, y yo sien
i corazón late tan fuerte qu
uncia la mujer, y e
lso con tanta fuerza que mis nudillos palidecen, y la puerta está ahí, esperándome. Detrás d
puerta y pienso: "Por fav