do parte de un sueño. Pero al abrir los ojos, la realidad me golpea de nuevo: estoy en la mansión de Damián Valtor, mi segundo día como niñera de Luca
e luz grisácea, y el golpeteo resulta ser una rama movida por el viento. Me visto con la misma urgencia de ayer, optando por u
in azúcar. Todo sigue la lista al pie de la letra. A las 7:25, él aparece en la puert
o, forzando una sonrisa-
a, buscando alguna señal de que ayer logré algo con él. Pero su ro
he? -intento, apoyándome en
or un segundo, y creo ve
bajo que casi
da por esa pe
er otro hoy
tra en el comedor. Su presencia llena el espacio como una sombra que se extiende sin perm
u voz cortante como e
or Valtor -respon
Lucas con un vistazo
disponible si necesitas algo. Y recuerda: nad
laro -digo,
na mano en su hombro, un gesto qu
ice, y Lucas baja l
l aire parece aligerarse un poco cuando
-
arpeta: más matemáticas, lectura, un dibujo que él termina en silencio. Intento hablarle, hacerle preguntas sobre lo que le g
as y un sándwich, todo según las instrucciones.
os ese rompecabezas que mencionaste aye
iensa un mome
primera vez, su voz suen
un castillo en las montañas. Nos sentamos en el suelo y empezamos a clasificar las piezas en silencio. Poco a poco, siento que el ambiente
? -pregunto después de un
asi
-dice, casi p
casa? -intento, bu
nfundiera, pero no responde. En cambio, sigue a
torcido, una grieta en una pared que parece haber sido tapada con prisa. Llego a una puerta al final del corredor, diferente a las demás. Es de madera oscura, con un cerrojo que parece nuevo. Recuerdo
ablemente sea mi imaginación, pero la sensac
ntro a Lucas esperándome, con e
regunta, y su voz
ndo, forzando
antado. Mientras leo, noto que está más atento, incluso se inclina un poco ha
los bosques
ero me gusta pensar q
mento siento que estamos compartie
uina específica, cerca de un cobertizo cerrado con candado; luego la cena, que preparo con el mismo cuidado de s
lo habitual. Lleva el traje ligeramente desa
? -pregunta, di
y Lucas y yo armamos un rompecabezas -re
os se detienen en mí má
aber? -insiste, y su
aunque la imagen de esa pue
tado en la mesa, y le revuelve el cabe
dientes. Yo te acu
protestar, y Damiá
hoy. Puedes ir
subo las escaleras con una
constante de dónde estoy. Pienso en Lucas, en cómo poco a poco empieza a abrirse, y en Damián, cuya presencia me sigue desconc
emente yendo a su habitación. Pero entonces, los pasos se detienen, justo fuera de mi puerta.
Hay demasiadas sombras en esta casa, y siento