img Consentida por el CEO discapacitado  /  Capítulo 3 : ¿Fue suficiente | 1.20%
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Historia

Capítulo 3 : ¿Fue suficiente

Palabras:1109    |    Actualizado en: 02/09/2025

hombre en silla de ruedas, con la cabeza apenas inclinada, besaba con pasión a una mujer de cabello largo y eleg

ad, el guardia se quedó inmóvil, sin sabe

silla de ruedas lo fulminó con una mirada gé

gundo más, el guardia se retiró a tod

cio. Un instante después, el hombre apartó

de un salto y retrocedió. "Lo siento", se disculpó. "Fue u

o. Supuso que, al estar en una silla de ruedas y posib

, mientras oía a los guard

mirada se desvió hacia la vent

segundo

Novalee corrió hacia la ventana, la abrió, jun

uminó el rostro del hombre, revelando una bel

o una mueca de frustración, pues había cometido un erro

uricular. "Mami, mami, ¿cómo te fue? ¿Estás

Novalee mientras cojeaba hacia

uricular y descubrió que lo había silenciado p

ió. Lyle Shaw no había escuc

: "Está todo bien. Silencié el auricular por acci

ajena a la mirada que la

lentamente por los labios. Al bajar la mirada hacia sus propias

n número.Una voz respondió

señor P

aras de seguridad de la fiesta de compromi

odas? ¿En diez minutos? ¡Por Dios! Señor Patel, es

nueve minutos y c

rapidez, incapaz de contener su curiosidad. "¿Está usted en la fiesta de

su agarre en el reposabrazos de la silla

procesarlo y luego respondió con rapidez: "¿Se refie

ena a todo, se dirigía al e

su celular, insertó una nueva

na y áspera, que sonaba como si acabara de

ndió: "Pattie, ¿estás disfrutando del

agudizó. "¿Quién eres? ¿Tú planea

no reconoces mi voz?", re

? ¿Eres tú? ¿S

viejo nombre, pues hacía m

fue solo un pequeño regalo para ti. De nada. Pero ten cuidado, esto es solo

ables. "Novalee, tenemos a tu hija. ¿Acaso no piensas en ella? Si b

ejo que cuides muy bien de mi hija. Ella es tu única garantía. Sin ella, el regalo de hoy habría sido mucho más qu

Novalee apret

Nadie sabía lo que había

enía el capital necesa

iro ni a Rowley, ni a Pat

uto. Cuando se disponía a marcharse, miró p

contra una columna junto a su auto,

su frágil estado de salud. Su tez era pálida y sus labios tení

e salió del auto y se acercó rápidamente a la niña. "Pequeña, ¿te

niña, con la mirada perdida y

orazón, pues su propia hija

le aseguró: "Vamos. Te

al volante. "Resiste", le dijo. "Ya casi llegamos al ho

á, m

la niña hizo que el corazó

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