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Historia
La tumba que cavaron para ella

La tumba que cavaron para ella

Autor: Gavin
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Capítulo 1

Palabras:1113    |    Actualizado en: 26/11/2025

te de auto, pero mi familia nunca vino. Mi padre y mi hermano estaban de

a mi promet

a, sus últimas palabras por te

fierno, por

grabaron mi nombre en una lápida. Me enterraron bajo una montaña

morí.

e best-sellers, casada con el CEO de una empresa tecnológi

la primera persona que encontré fue a Ricardo, de pie frente

ítu

vista d

ro que me golpeó mientras conducía mi auto de alquiler a través de las rejas oxidadas del panteón de la familia Garza, un lugar al que juré que nunca volvería a poner un

un eco doloroso de la vida que había desechado. La piedra era nueva, más nueva que la de mi madre, e inquietantemente impecable. En su base, un ramo descolorido de liri

o los pies. Probablemente había estado cuidando estas tumbas desde antes d

el vivo retrato de la pobre Sofía Garza. El mismo cabello oscuro, los mismos ojos tristes

por mi interior, más prof

na. No lo corregí sobre lo de los "ojos tristes

mbros, apoyándos

ero se parece igualito a ell

apellido como ce

lers de la Ciudad de México. Estoy aquí para encargarme de la herencia de mi di

, sin in

strillar las hojas caídas, el sonido mundano en marca

como el sol. Mi vida estaba construida sobre cimientos sólidos, una fortaleza de amor y éxito que había construido minuciosamente, ladrillo

adre y su hermano elegían una boda por encima de sus heridas críticas. Fue aquella cuyo prometido, Ricardo, bailaba con su manipulador

no, pensé, un final tranquilo para una vida que había sido tan brutalmente truncada por las mismas personas que

que estaba aquí. No para llorar a un fantasma, sino para honrar a la única persona de esa familia que alguna vez me amó de verdad. R

So

a de un mal sueño. Me quedé helada, con la mano suspendida sobre la correa de mi

e, presentar mis respetos y dejar este maldito lugar para siempre. Ace

e firme, se aferró a mi br

de verdad

co más robusto, pero inconfundiblemente él. Su agarre era doloroso, sus ojos muy abiertos e inyectados en sangre, fijos

la voz quebrada. Parecía genuinamente conmoci

agarre, la pi

ción. Mientras lo miraba, mi vista se posó en los lirios de plástico descolo

na chica que ayudó a matar. Tenía los ojos enrojecidos, la mandíbula

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