hospital que apestaba a anti
ntra mi pecho. Mi cabeza palpitaba con el do
abía sobre el cáncer que pudría silenciosamente mi páncreas
ro nunc
l momento en que salí por las puertas del
ienda -dijo, sin mirarme a los
supu
a trabajar d
os de sobres de color crema, mi pluma tallando los nombres d
cerrándose en una ga
gó el ani
iana murió. La familia se reunió en
e atrás como un espectro, un recordatorio v
ía y gris que empapó mi abrigo de
obre Don Salvador. El viejo Don se veía frágil, apoyándose
secándose los ojos secos
colocar rosas en la tumba. Esperé hasta que todo
qué a l
rreal. Amada M
ar, coloqué una pequeña pi
susurré a la tierra frí
atr
fue un
tancia, temblando con una rabia que parecía demasiado grande para su cuerp
u tumba? -gritó Salvad
pero su dolor le daba una fuerza
por matarla, sino por dejar a s
obo de plata g
la hierba embarrada, la sangre caliente c
Alejandro, dando
ndo el bastón de nuevo-. ¡Mató
justo sobre las viejas quemaduras.
o que me mate. Sería má
de su padre antes de que e
voz era tensa, forzada-.
or me
mezclándose con la lluvia y
ación, comprobando el ritmo card
olló Salvador-. Ante
me miró
parpadear en sus ojos. ¿
a solo
fríamente-. Antes d
penas, usando una
e sangre en el césped inmaculado, caminando hacia una

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