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secretos que nadie quería oír, el club se alzaba como el último refugio de aquellos que tenían demasiado dinero para sentir y demasiada oscuridad para dormir. Allí
e irritaba la piel, era mi armadura y mi condena. Mientras ajustaba el delantal, mis dedos -ásperos por el agua helada y el trabajo incesante- recordaron por un breve i
del Sr. Sterling, el gerente, me sacó de mi letargo. Sus ojos, generalmente fríos, mostraron una grie
y mi voz sonó como el roce de dos piedras secas-. Mi madre necesita
mbrado, cada paso era un latido sordo en mis sienes. Al llegar a la puerta de caoba tallada, el corazón se me encogió. No era miedo a la servidumbre lo que sas se abrieron, e
da y asfixiante. En el centro, presidiendo el ca
campo de trigo. Ahora era un Alpha Billonario, una deidad de la guerra moderna envuelta en un traje de tres piezas que costaba más que mi libertad. Su presencia era un agujero negro que d
ujer que siempre tuvo el don de convertir la seda en veneno. Llevaba un vestido blanco que ofe
rnos! -la voz de Seline cortó el aire como un
El aire se volvió denso, cargado con el olor de un bosque bajo la lluvia, su esencia de Alpha que t
una invitación, era un decreto. Un sonido bajo, gu
suyos. El silencio en la sala era sepulcral; nuestros antiguos "amigos", ahora herederos y magn
lpha. Veinte minutos de reposo -susurr
icionera y humana, flaqueó. Una gota roja saltó y manc
vuelto a Costablanca para celebrar nuestro compromiso, no para ver cómo una mesera arrui
. El sonido del estallido fue como un disparo en la pequeña habitación. El cristal se hizo añicos, y el vino, mezclad
uria de su lobo interno, se clavaron en los míos, buscando una lágrima, un ru
nto absoluto de mi alma, saqué una se
voz fue un hilo de seda en medio de la tormenta-.
me envolvió, reclamando un espacio que ya no le pertenecía. El
Siete años esperé este momento. Siete años imaginando qué palabras usarías para justificar que me dejaras m
ndo el brazo de Alistair con una posesividad enfermiza-. Pero no seas duro con ella, amor
un pedazo clavándose en mi yema del dedo fue casi un alivio; al menos ese dolor era real
e no supe descifrar-. Antes de que mi lobo olvide que una vez
Al cerrar la puerta, me apoyé contra la pared fría del pasillo. El mundo seguía girando, la música del club s
ignorancia del "lárgate", yo estaba bajo la lluvia, gritando su nombre hasta que mis cuerdas vocales se rompieron, suplicand
de empezar en la sala SVIP era la mecha de una explosión que nos consumiría a todos. Porque en el reino de los Blackwood, la verdad nunca era un regalo, era un ar
davía flotaba en mis manos, como una promesa de que la reden

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