img La Luna Preciosa del Rey Licántropo  /  Capítulo 4 Corazón y corona | 2.34%
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Historia

Capítulo 4 Corazón y corona

Palabras:1841    |    Actualizado en: 09/02/2026

vista d

, gemí, pasándome un

icó ella con un tono que n

argos años, y sigues sin tener una reina a tu lado. ¡Es i

rganizara un baile de elección. Una ridícula farsa en la que todas las licántropas y lobas, y cualquier otra criatura

s mi culpa que aún no haya encontrado a mi verdad

rígida, pero

pareja", continué, apen

ofundo de mi ser. Un día, tarde o temprano, nuestros caminos se cruzarán. Y cuando llegue ese d

nes que empezar a aceptar la posibilidad de que haya pasado alguna cosa. Puede que esté muerta, o algo peor. Pero debes poner el reino primero, hijo. Tus súbditos necesitan a su Luna

agotamiento y su tristeza. Pero el peso de sus palab

xiantes. Mi madre dio un paso atrás por instinto, pues su

a mi cama a otra mujer que no era la mía, de atarla a mí con una marca que tendría que ser renovada a la fuerza cada maldita semana, como un grote

do sucedía... La pareja elegida tendría que matar a mi compañera destinada para conser

a vez has pensado en quién habrías sido o dónde

tit

omprendo tu dolor, y me entristece cada día verte salir del palacio en busca de tu pareja. Viajas a otros reinos, pasas por fuera semanas, a vec

necesita a su Luna Suprema. No solo es tradición, hijo, sino también estabil

n, sintiendo cómo la guerra en mi interior rugía con más fuerza. Al fin

ensación visceral de que mi pareja estaba ahí afuera, esperándome. Comencé a caminar inquieto sobre el suelo de

do, estrellé mi puño contra la pared de piedra, la cual se agrietó y se hundió bajo

que mi madre decía la verdad: tenía un reino que dirigir, y necesitaba una Luna, una reina, alguie

tu manera, madre. Organiza el b

é la mano antes de que ella pudiera hablar. "Sin embargo...", continué. "Concédeme hasta el final de

la has encontrado en cinco años

enos fuertes, y reiteré: "Independientemente del resultado, esto es lo que

. De verdad te d

o hasta desaparecer en la distancia. Me quedé ahí un momento más, sinti

randes ventanales que enmarcaban el sol poniente. La luz dora

ico heredero al trono de Khragnir, un depredador alfa, la b

con amargura, porque incluso con todo mi poder, riqueza e

ropos, a diferencia de los hombres lobo, estábamos destinados a estar con una sola persona, y el equilibrio del mundo dependía de ese emparejamiento. Un yin y un

ampiros y demás. Ellos tenían opciones, podían enamorarse de cualquier espe

el estómago mientras un frío y amargo nudo de celos y rabia me trepaba lentamente por la columna. Si ese fuera

ra. No dudaría ni un segundo. Mataría a ese hombre, sin dudarlo.

or culpa de otro hombre. Solo imaginarlo era insoportable. Pero en lo más profundo de mi alma, temía la verdad: me da

gas políticas y, aun así, no había ni rastro de ella. Sin embargo, no podía rendirme, todavía no, no hasta el final de esta semana.

era el encargado de hacer cumplir mis órdenes, sino también mi mano derecha de mayor confianza y mi

s antes de que se oyera su

la ciudad. Asegúrate de ser lo más discreto posible. No qu

on órdenes, A

un pantalón de sudadera sencillo y un saco con capucha que encontré en el fondo de mi armario. Hoy no necesitaba atuendo real. Luego tomé un par de gafas de sol oscuras y saqué una mas

rencia. Sus ojos no se apartaron de los míos mientras abría la puerta del auto. Sin decir nada, me deslicé den

deslizó en su asiento y prendió el motor. Se oyó el

manada en particu

abeza contra el frío cuero. No había id

entre manos. "Solo quiero ir a mirar un rato, ver cómo está ahora, hacerme una idea de lo que hace mi gente...

trovisor cómo sus ojos se desviaban brevemente hacia mí. Si

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