Lágrimas de la luna: un baile con la realeza licántropa / Capítulo 2 Me enviaron a la muerte | 0.83%vista d
me invadió: estaba atada, con las manos y
ndo? ¿Quién me h
a voz engreída de Jessica cortó el aire como un cuchillo. "No
fuerza. Me habían abandonado en una estación de tren, y el
so mi padre y mi madrastra permanecían com
e estaban sacrificando
virtiéndose en un grito. "¡Esto no está
nvertiría en la esclava de los príncipes, no yo
sa y melosa que siempre usaba para ocultar su veneno. "Los tres príncipes Licántropo no s
se me escapó. "Si es una bendición tan
ne vaciló. Miró hacia mi pad
do la razonable, Makenna. Jessica es demasiado joven para afrontar la vida en el palacio. E
strozaron mi úl
s príncipes eran infames por su crueldad. Y, sin embarg
a. "Buena suerte, Makenna. Esa boda que planeaste no se
bo
e odio y desamor. Se suponía que Frank y yo
erviniera, de que dijera algo para detener esta locura. Pero F
una amarga carcajada an
do que me salvara? ¿Cómo p
soldados del palacio se adelantaron y me ag
a al tren y me ataron las manos aún
rmados patrullaban con las armas colgadas del pecho. Las lágri
n llegara a su destino
viaje, los minutos se convirtieron en
eunidas. Parecían tan aterrorizadas como yo. Estaba claro: todas h
. ¿Era este realmente mi destino
haría. N
ero todas las salidas estaban selladas, con soldados apostados en cada puerta.
!". Una voz severa me sa
entró marchando, recorriéndonos con la mi
oz cortante e insensible. "Prepárense Los príncipes. llegarán pr
ngre. ¿Aquí? ¿De
e ninguna manera haría eso. Las demás mujeres parecían igual
hizo una señal a los soldados. Sin dudarlo, agarr
vor, paren! ¡
ió contra ellos, pero fue inútil. La inmovi
mago. Instintivamente di un paso atrá
s más que objetos pa
o un látigo. "¡Dense prisa, o
aron miradas, buscando en silencio un consuelo que ninguna podía ofrecer. Poco a p
en los oídos mientras cerraba los ojos, con el peso de mi realidad oprimiéndome como una manta sof
¡no quería
tas, de pie en fila, derram
í está mejor. Ahora esperen a
bilis subiéndome por la garganta al imaginarme siendo escrutada como gana
pasando con una lentitud agonizant
estia. Se volvió bruscamente hacia una sirvienta y la
esión preocupada en el rostro. "Señorita Blanco
a cabeza justo a tiempo para ver a uno de los soldados desplomarse en el suelo, pateado a un lado como si no
rtar la vista: cincelado, con pómulos altos y cejas que parecían talladas en piedra. Pero eran sus ojos, tormentosos e implacables, los que mantenían a todos e
ó en el pecho y se me hizo un nudo en la gargant
ar al hombre con respeto,
o mayor del rey, de quien se rumoreaba que
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