ista de Da
s límites de velocidad d
La impaciencia me carcomía; no esperé a que la puerta se abriera por completo, rasp
en estacionamiento y corr
na! -
ió el eco de mi desesp
El
enc
las escaleras
el dormitor
staba abierta, invitando
re a humo
ntre las brasas, yacían las cenizas de un c
erfectamente lisa. Como si na
la mesita
es
lo de p
mis piernas se se
í. Estab
a. Ni para duchars
, Dante -d
abitación detrás de mí.
ví hac
? ¿A dó
con la cabeza. Me entreg
a
El collar destinado a
rde para dárselas -dij
léfono y ma
ted marcó ya no e
la pa
onec
anni!
en la puerta al inst
-. Rastrea su auto.
temblando-. Sus tarjetas de crédito están inactiva
la pared. Se hizo añicos
rrey -ordené-. Cierren el del N
r -susurró Giovanni-. Podrí
. Lo apreté hasta que elirse. Me
ciudad para en
á de mí, hacia las ce
ijo mío. Ahora solo está
ré un teléfono
ué a
cuéntrala, o mataré a to
a lluvia había cesado. El
abía
vez en mi vi

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