img ¡Chantajeada por el CEO!  /  Capítulo 5 Perder el tiempo. | 50.00%
Instalar App
Historia

Capítulo 5 Perder el tiempo.

Palabras:1211    |    Actualizado en: 22/03/2026

es que él había conocido solo significaron caras bonitas y cuerpos perfectos. Significaron una noche apasionada y nada más. Sin embargo, muy a su p

acudieron por un sollozo-. Si no deja de llorar, no podremos continuar

tiene un atisbo

uando no encontró lo que buscaba, maldijo mentalmente. La mujer tenía el semblante rojizo y las lágrimas seguían cayendo por sus

sericordia por una delincuente?

ra y le aseguro que Pía no volverá a co

er nada. Ella estará en la cárcel y no creo que intente ha

imas del rostro y la nariz. Apretó el pañuelo en un puño y lo miró fijamente-. No

í sentada, llorando y suplicando por alguien que, estoy seguro, ni siquiera se preocu

tando en la mirada marrón claro-. Pía es una buena persona,

defiende porque es su familia. Sin embargo, debe abrir los ojos y ver la realidad. Y esa realidad es que su hermana es una delincuente. -Logan no dejó de mirarla y notó qu

biendo que mi hermana no

significa que su hermana no sea una delincuente -espetó, sintiéndose cansado de a

cuidé de mi hermana y lo seguiré ha

o hacia ella-. Usted puede decir un montón de cosas buenas de su hermana, pe

o que no tiene nada que ve

apoyó los antebrazos sobre el escritorio, sin quitar la mirada de la mujer. Cierta curiosidad comenzó a brotar

la pregunt

ngo

resado-. Significa que es dos años mayor q

er y Logan ni se inmutó al contemplarla sin reparos. Una cosa er

la inhaló y exhaló, desviando la mirada de él-. Ellos f

a tan temprana edad. -La mujer asintió, pero no lo miró-. Prácticamente tu

lante con mi hermana. Temo que por ello Pía sea un poco rebelde. -Por fin ella lo miró

a vio dibujar un mohín con los labios-. Pero no se pue

, señor Parisi -

odavía fuera una niña -obje

le importancia-. Pía siempre fue la niña mimada y yo no podía dejar que n

quirió, ladeando la cabeza hacia un lado-. Usted está tan cegada de la verdad y realidad, que no puede v

ciert

to -interrumpió, dándole una mirada completa a la muj

isc

vez más, del rojizo en el rostro de la mujer. No sabía si era por el calor o por la vergüenza. Pero ¿p

quitarme el abrigo, señor

decir, señorita -senten

do de encontrar un atisbo de piedad en usted, pero, desgr

mente y apoyando la espada en el respaldo de esta-. Quítese el abrigo, señorit

ese abrigo tan grande y largo. Y si tenía que volver a in

Instalar App
icon APP STORE
icon GOOGLE PLAY