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Historia
El Heredero Oculto del CEO Despiadado

El Heredero Oculto del CEO Despiadado

Autor: S. Mejia
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Capítulo 1 Sombras bajo el Candelabro

Palabras:1341    |    Actualizado en: 23/03/2026

de la ciudad. Abajo, en la pista de mármol, un mar de seda, diamantes y esmóquines a medida se movía al ritmo de un cuarteto de cuerdas que tocaba una suave mel

deslumbrante exhibición de riquez

por ella misma la noche anterior en la máquina de coser de su pequeño apartamento. Desentonaba sutilmente con los diseños de alta cos

ación. Su jefa, Clara, había puesto todas sus esperanzas en que el éxito de esta noche les asegurara el contrato anual con l

s y una sonrisa traviesa cruzó por su mente. Leo. Su pequeño milagro. El centro absoluto de su universo. Antes de salir de casa, él le ha

greso a sus labios. Todo el cansancio, todas las horas extra, todas las humillaciones de lidiar con clientes arrog

os VIP. Todo estaba en orden. Los meseros circulaban con bandejas de canapés, las luces tenían la intensidad perfecta y

opresión comenzaba a formars

sificó. Era un hormigueo frío en la nuca, una pesadez en el aire que la rodeaba, como si la presión atmosférica del enorme salón hubiera cambia

brazos desnudos, repentinamente helad

ondular a través de la multitud, extendiéndose como pólvora desde las enormes puertas dobles de caoba hasta el centro del salón. Las

cambiaban. Los hombres enderezaban la postura, sus expresiones teñidas de un respeto repentino, casi te

los ojos muy abiertos-. ¿Es él? Me dijeron que el comprador misterioso que acaba de adquirir

do extrañamente lejana en sus propios oídos. El hormi

e de Europa a devorar el mercado local. Destru

transportado por la sutil corriente de aire del salón. Era una fragancia inconfundible, una mezcla

negaron a tomar aire. No, pensó, sintiendo que el suelo de mármol desaparecía bajo sus pies

da, clavándose como dagas directamente entre sus omóplatos. Podía sentirla abriéndose paso a través de l

ue nunca había podido resistir, Ele

asillo imaginario en medio del salón. Y al final de ese p

nder

o a su alrededor perdió color y sonido, reduciéndose únicamente a la imp

plexión atlética. Su cabello oscuro, impecablemente peinado, tenía el mismo brillo de ónix que ella recordaba haber enredado entre sus dedos en las noches de pasión que ah

n de Elena. Esos fríos, calculadores y penetrantes

yera, jurándole que no había vendido sus secretos comerciales, que era inocente. Él no la había escuchado. La había desechado como a bas

lla. No había sorpresa en su mirada. No había el

n hombre que se encuentra por casualidad con un fantasma del pasado. Era la mirada de un cazador paciente que finalmente

sonrisa microscópica, desprovista de cualquier rastro

ro le enviara a sus piernas la orden de correr y huir lo más

gaba a los demás invitados a apartarse instintivamente de su camino, el

bía regresado, y ven

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