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acumulado directamente en los párpados. Con un suspiro resignado, apagó la alarma y se frotó el rostro en la penumbra. Su pequeño departamento en las afue
e planchado, una blusa blanca abotonada hasta el cuello, el cabello castaño recogido en un moño bajo perfecto y un maquillaje sutil que apenas lograba disimular las sombras oscuras bajo sus ojos. Ella era la asistent
a a su paso, reflejándose en los pulidos suelos de mármol y en los interminables ventanales de cristal que mostraban los primeros rayos del sol tiñendo de
ían llegado durante la madrugada y, lo más importante de todo, preparar el café negro, amargo y cargado, a exactamente ochenta y cinco gr
or peligro: su absoluta ingenuidad. Hija de una familia humilde de provincia, Elena creía fervientemente en la meritocracia pura. Pensaba, con una inocencia casi infantil, que si trabajaba el doble que los demás, si guardaba silencio ante los desplantes y si mantenía una eficiencia impecable, sus su
u escritorio sin siquiera molestarse en mirarla a los ojos-. Necesito que revises el informe de auditoría de la división de tecnología. Hay algo que no cuadra en las
sonrisa amable y dispuesta, una calidez que el hombre ni se molestó en devo
s ojos escaneaban filas interminables de números, códigos y gráficos financieros. Mientras el resto de la oficina comenzaba a llenarse con el murmullo hab
illones de dólares. Con destreza y rapidez, Elena corrigió las fórmulas, reestructuró los gráficos macroeconómicos y reimprimió el informe, dejándolo impecable. No pidió crédito, no dejó su nombre en la portada, ni pensó en exigir una recompensa. Simplemente caminó hacia la oficina de Marcus y se lo
ieron por completo, reemplazados por una tensión densa y palpable que parecía helar el aire. Los empleados enderezaban sus posturas en sus cubículos, las
CEO y heredero absoluto del impe
éndole un terror reverencial. Alexander era un hombre de hielo, una leyenda viviente en el mundo de los negocios, conocido por su crueldad corporativa, su inteligencia fría y una
ntas. La silueta imponente de un hombre alto, de hombros anchos, facciones esculpidas en piedra y un porte aristocrático devastador se recortó contra los cristales de la entrada. El juego de p

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