delegación del Grupo Vanguard para iniciar las auditorías previas a la fusión había transformado los pasillos en un desfile de trajes a medida y miradas desconfiadas.
o y encuadernado más de cuarenta dossiers financieros de extrema confidencialidad. Su mente brillante procesaba las demandas de dos de las empresas más letales del país simultáneamente, sin embargo, el agota
, emanando esa misma aura gélida e impenetrable que dominaba la empresa. A su derecha, ocupando el lugar de máxima prioridad, se instaló Isabella Vanguard. La he
cutivo tuviera frente a sí la versión correcta del acuerdo preliminar, una botella de agua mineral importada y su respectivo i
ido. Llegó al asiento de Isabella. Elena colocó la carpeta negra frente a la heredera, alineándola perfectamente co
ora. Elena se giró para continuar con el presidente de finanzas de
mome
lexander Sterling detuvo la lectura de su propio docum
identificación frente a ella. Con suma lentitud, levantó una mano con las uñas pintadas de
ella, su voz carente de emoción, pero
o en seco, abrazando la última carpeta contra su pecho, y dio
do un tono nivelado, aunque un sudor frío comenzó a pe
arpeta. El sonido fue apenas un chasquido, pero en el sile
eredera en voz alta
ía revisado la lista de invitados por quinta vez, su cerebro había pasado por alto la doble consonante. Un error tipográfico. Un simple, estúpido y minúsculo error de una sola letra. E
un error de transcripción. Lo corregiré de inmediato -dijo E
abella cubrió la tarjeta con su
humillación pública- es una enfermedad contagiosa, Alexander. Empieza con algo tan minúsculo como una letra faltante en una tarjeta de presentación. L
na. La diferencia de altura, sumada a los tacones de aguja de la
a de nivel inferior, que apenas puede mantener los ojos abiertos por lo que supongo es una vida personal muy desordenada, profane mi apellido. Ere
erosos de la ciudad la observaban en completo silencio, cómplices mudos de su ejecución pública. Por puro instinto de superviven
temblor contenido de sus hombros. Pero no hizo un solo movimiento para detener a su prometida. Su rostro permanecía tallado en hielo, eval
e ella no era un ser humano para esos titanes financieros; era simple carne de ca
o la espalda y mirando directamente a los gélidos ojos azules de la heredera-. Es un error inaceptable para los estándares de esta empresa. Asu
isfecha por no haber logrado arrancar una lág
Este ya está frío -espetó, sentándose d
correr. Mientras cruzaba las pesadas puertas de cristal y se adentraba en la soledad del
e manera definitiva e irrevocable, en la mira de una depredadora que no se detendría hasta verla completamente des

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