do po
de una forma extrañamente liberadora. El lugar estaba lleno de luces de neón azules y púrpur
re el estruendo de los bajos,
guardia de retén -advirtió Thiago, aun
ington va a aprender a vivir -Sofía m
uatro años de maternidad, estudio nocturno y batallas silenciosas me habían endurecido de formas que no esperaba. Bebí
rala, Elena, ¡nuestra resid
orprendió no ver la cabellera rubia de Leticia pegada al brazo de Ian por primera vez en el día.
on el alcohol? -bromeó Santi-. Únanse a nuestra mesa,
jada estrepitosa y mi
mente así -dijo ella, guiñándome un ojo-. No necesitamos pasar
go le di un pequeñ
de ellos -me quejé, sintiendo y
un brazo por mis hombros-. Tú tienes alma de R
cía ver espectacular. Se fijó en mi copa vacía y luego en mi ca
o que en la universidad -comentó Elena, ignorando la mirada de pi
-respondí, sonriendo con una confianza que solo el whisky te d
res en la mesa de al lado-. El del reloj de plata dice que es a
protestar, pero ella ya me est
y con una sonrisa amabl
untó él, acercándose a mi
no hablar de leyes
rbano, lento y pesado. El abogado puso sus manos en mi cintura y yo, por primera vez en cuatro años, no me
mar, quería olvidar el frío de su oficina y el calor de sus ojos cuando m
doctora -me dijo el aboga
a ser abogado -le contesté, echan
ky en la mano, absolutamente solo. No estaba hablando con Marcos ni con Santi. Me miraba fijamente, con una intensidad que
do. "Mírame, Ian", pensé con la valentía de la embriaguez. "Mi
endo a carcajadas mientras el mundo exterior desaparecía. Por una noche, Zoe Harrington no era una madre secreta ni
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