img La esposa que nunca conociste  /  Capítulo 3 Las cláusulas del desprecio | 23.08%
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Historia

Capítulo 3 Las cláusulas del desprecio

Palabras:1804    |    Actualizado en: 07/08/2026

de Elena hacia la planta alta. Adrián, aún parado junto a la mesa del comedor con la mirada fija en la copa de vino intacta, no

de perlas australianas que costaba más que una residencia promedio, entró a la propiedad

-. Adrián, por el amor de Dios, dime que no tuviste que rogarle ni escuchar sus escenas de llanto. No tenemos tiempo para dramas d

frotó la nuca, sintiendo cómo un dolor so

má. No hub

eco, arqueando una ceja

osa mientras caminaba hacia la mesa auxiliar donde descansaba la carpeta de cuero negro-. Esa muchacha siempre fue una muerta de hambre, pero al menos sabía

tación en la voz-. Ni siquiera leyó el anexo de la pensión

la firma estilizada y firme de Elena al pie del documento, una mueca de satisfacción cruzó sus fa

que fuiste tan ingenuo como para dejar esa puerta abierta. Esa chica es una oportunista sin linaje. Las mujeres de su calaña conocen perfectamente estos trucos: rechazan la primera ofer

r Adrián, aunque su propia voz sonó ex

sin conexiones, sin un solo antecedente relevante. Durante dos años le permití sentarse a nuestra mesa por lástima, soportando que la alta sociedad murmurara a mis espaldas s

igeros descendiendo por la gran escalera

ta de piel marrón, mediana y desgastada por el tiempo. No llevaba joyas, ni el reloj de oro que Adrián le había regalado en su primer aniversari

a de desprecio y triunfo. Se cruzó de brazos, blo

culando cada palabra con veneno-. Me alegra ver que te queda un ápice de sensatez, Elena. Au

estañear, con una postura tan erguida y natural que, por un instante, hizo

espondió Elena con una voz hela

do usar esto como una estrategia para victimizarte ante la prensa o si pretendes impugnar el divorcio más adelante para sacarnos dinero, te aplastaremos. No tienes linaje, no tienes recursos y no eres nadie en est

ntiendo una repentina incomodid

Ya firmó. De

na-. Si intentas pedir un solo centavo de la fortuna Valente en el futuro, no solo te quedarás en la calle, si

orado en la soledad de su habitación, preguntándose qué había hecho mal para merecer tanto odio. Pero hoy, sabiendo que el experimento había terminado y que

guntó Elena con una cortesía

, sorprendida por la falta

haciendo un gesto con la mano como si espantara a un

lo de su abrigo y lo colocó junto a la carpeta del divorcio. Al lado de las llaves, con un movimiento gr

punzada helada le atravesó el estómago al notar que ella no lle

ella-. ¿Dónde te vas a quedar a esta hora? El chofer pue

os. Había en su mirada una profundidad tan vasta, tan llena de una autoridad ancestr

nte cualquier rastro de intimidad en su trato-. A partir de este segu

sus palabras, el sonido grave de varios motores d

ecable iluminaron la fachada de la mansión. Los vehículos, con cristales polarizados y escoltados por dos

impecable y portando un auricular discreto. Sin dudar un solo segundo, el hombre avanzó a paso

ián se quedaro

Group ni a su madre. Se inclinó noventa grados en un gesto

do el vestíbulo-. El avión está preparado en la pista ejecutiva. El Sr.

regó la male

-respondió ella

l cruzar el umbral de la puerta, se detuvo

alente. Y que disfruten su alianza

culo, la puerta se cerró con un chasquido pesado y la caravana de lujo arrancó de inmediato, perdi

mansión, el silencio q

erta, con el rostro pálido y la mano aún soste

n la calle vacía por donde los vehículos blindados acababan de desaparecer. Las palabras del

. El Sr. Guillermo

terrorizado, sintiendo cómo el aire se le es

io financiero Sterling Corp, la firma de inversión privada más grande y despiadada del continente

anillo de plata de Elena y las llaves de la casa descansaban bajo la fría luz

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