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ientos de antorchas encendidas proyectaban sombras danzantes sobre los muros de piedra donde reposaban los estandartes an
embargo, era algo
nas traseras, lejos de la nobleza de la manada. Sus manos, ásperas por los años de trabajo pesado, apretaban con fuerza la tela de su
piel, la sang
ancia del lazo de mates, la huella divina que la diosa Luna dejaba en las almas destinadas a encontrarse. Durante meses, Daphne había guardado ese secreto como el tesoro más frágil del mundo. Había soportado las burlas de las damas de honor y l
naudible. «Esta noche sabrán que no soy un
zo retumbar la piedra. El salón e
Lucía deslumbrante. Su porte era el de un depredador nacido para gobernar; hombros anchos, una armadura de cuero oscuro grabada con runas de protección y una
e Sangre. Vanessa llevaba un vestido de seda escarlata bordado en hilos de oro que destellaba bajo el fuego.
medida que él ganaba metros, el lazo en el pecho de Daphne empezó a vibrar con una fuerza casi doloro
levantó las manos, pidiendo la bendición de las estrellas,
ian de la Manada Garra de
aron la cabeza. Killian levantó el rostro y su aura Alfa se extendió por el recinto co
de Killian recorrió el mar de rostros y se detuvo. Di
El aire entre ellos se volvió denso, saturado con la innegable electricidad del destino reclamando su lugar. Daphne dio un paso
rápido como había encendido. En su lugar, una frial
ecto y volvió la vista hacia la multitud. Tomó la mano de Vanessa y l
mplificada por su autoridad Alfa, resonando en cada rincón del recinto-,
a los presentes. Daphne sintió un
ssa solo por un segundo, y volvió a clavar sus ojos vio
n de un líder debe corregir -declaró Killian con voz firme, sin una sola grieta don con complicidad; la multitud empezó a volverse lentamente a mi
y el nombre sonó como
ban. Las miradas de cientos de nobles se
no en un gesto ritual de renuncia-, te rechazo formalmente a ti, Daphne, como mi mate,
olo se estiró; se rompió con un crujido espiritual que le arrancó un ahogado grito de agonía. Un dolor físico, lacer
a ayudarla. Nadi
nobles, mientras Killian tomaba la corona de la Luna y la
o con total indiferencia-, quedas expulsada de nuestras tierras antes de que vuelva a salir el sol
ngeló la sangre. Daphne levantó la mirada desde el suelo. Con las lágrimas empañándole la visión,
ando las risas y los murmullos despectivos de la corte
l rostro y la lluvia torrencial le empapaba la ropa en cuestión de segundos. Descalza, tropezando con las raíces y cort
iguo roble, con el barro cubriéndole las rodillas y el cuerpo temblando por la hipotermia. Sintió que la con
a noche en un pensamiento agónico
ompiendo la parálisis de la muerte, sintió un pequeño la
nte, le envió un último susurro de
y otra vida latiendo dentro de nosotras.
ó los puños contra el barro, y en lugar de lágrimas, una llama

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