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Historia
Al latido del pecado.

Al latido del pecado.

Autor: Nelsy Díaz
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Capítulo 1 A los pies del desprecio.

Palabras:1203    |    Actualizado en: 21/10/2026

, pero no cu

, apoyada por Vito, su amigo. Faltaba solo una semana para el día d

tragos encima

én lo deseaba, no soportaba la idea de haber aceptado ser la

decirle. Pero sus pies temblaban como si la gelatina

nimó a seguir, recordando que estarí

a un sujeto sumamente distante con todos, siempre parecía apresurado para llegar a todos lados, au

lencio, sorprendidos por su elocuente dominio del tema. Vestía un abrigo largo, negro, con la bufanda suel

ión. Vito tenía razón, ella había sido la úni

ar que él tambié

en ese sitio. No por el color, era la forma en la que enfocaba el rostro de to

zo a otro. No con fastidio, tampoco con simpatía. Solo

ues este buscaba a su hermano con la mirada, pero ella trataba de encont

ne por eso.

ermitía ignorar una frase tan directa. La miró sin bajar la mirada, co

ar el tema para después?-, su agotami

exhaló. Su corazón latía tan rápido que pensó que él podría escucharlo-. Sé que no tiene sentido, pero...- sus

entre ellos s

ían recibido una carga difícil de sostener. No sonrió. Ta

o -contestó sin dureza

, pero no con él-. Porque me gustas. Desde hace meses. Y no lo dije antes

ocional que por sorpresa. Apoyó sus li

r ese concepto de tí. No solo por lo que dic

ojos brillantes pero la voz serena-. No es así. Y era to

grupo de estudiantes que cubrió todo el esp

biste h

deó girándo

¿Q

lomé-, la amabilidad fue reemplazada por una auténtica frialda

rdó la respuesta-. ¿Estás enojado solo p

siendo

arganta ardía, pero no iba a llorar frente a é

e sus estándares-. Las ilusiones te las creaste solas. Pero esta vez quiero ser direc

un nudo se instal

ue evites que deba ser incluso más claro, porque

o desinterés que empleaba con todos. Salomé sintió que un agujer

inando, como si esa confesió

o, los labios sellados y el pecho lleno de cr

te ningún hombre de nuevo. Que las "ilusiones por amor" no eran tan fuert

era. Porque a las tormentas nadie las puede detener y ella tenía que conver

te, luego de que se convenciera a sí misma de

ía, alzó apenas la vista. No esperaba que S

epitió, midien

e se espera de mí, y más. Pero lo haré a mi manera y a mi tiempo -afi

o breve. Luego s

speraba

ién lo esperab

futuro. Un corte limpio que sangraba ambición, orgullo, y un nuevo sentido de valor. Le habían

o. Aprender a mirar de frente.

na debilidad. Y ella ya no e

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