manos enguantadas aferradas a la cómoda. Harper
ó su cabellera a su espalda. -
hipócrita. Pero lo suyo no se comparaba a ir a la habitación de a
castigo por haberlo causado. No sucedía lo mi
a fuerza para cambiar tu destino- susurró Winifred, su na
soy más que una sombra en esta casa, Win. Tenía un poco de importancia con Orvyn vi
color de sus ojos se intensificó má
e este año-, apretó sus puños. -Sí tengo la
na -soltó Winifred con severidad. -Es sólo tu dolor ha
soy yo- miró a su nana. -Win, si me dejo tir
rla entrar en razón. Harper cerró lo
ncluso a su marido, lo haría. Peor no sería su vida. No más de lo que ya era. Ese era su pensamiento
o que subía las mangas de su camisa hasta su antebrazo
porque su silencio era prueba constante de su de
as podía permitir. Iniciar una guerra iba contra el código de los Crown y no sería el causante de una que se estaba extendiendo tanto. No necesitaba
jamás era tomado a la ligera. Aún más porque todos estaban al tanto de que no sentía la
. Aunque el médico dijo que esa condición no afectaba sus emociones, jamás habí
rmente. Aunque esperaba que ese año transcurriera verdaderamente rápido. Suficiente tenía cómo para sopor
da- Mateo pasó de largo al v
da- lo alcan
nvenció, aunque por solicitud de Mateo se quedaría en el auto, dejand
rse y poder divorciarse incluso antes de la fecha pactada, au
icina sin emoción, ni aroma más que el del desinfec
ción. Mateo Crown la esperaba mirando hacia el bolígrafo del juez y jamás hacia ella. L
la ceremonia, acaba
ítima esposa, para brindar su fidelidad y compañía, en la salud y enfer
to -contes
vista hacia la pelir
mo esposo, para brindar su fidelidad y compañía, en la salud y en la enfe
o los ojos en él mafioso. -Ha
s en ello, aunque para ella, era una
n él, ella dudó en tomar el suyo, mientras su ahora marido movió el suyo en
penas había tirado la anterior, aunque sus oj
l arma al sujeto y le apuntó a su marido, obteniendo el dorado de los ojos de Mateo sobre ella. No había sorpresa, ni
deja el berrinche. Act
se salía de control. Pero debía continuar con la ceremonia, según la orden del mafioso qu
a vez sí lo haría
puedes romper una uña- ordenó Mateo ca
el p
raje apenas terminó la frase con s
a eso o yo mismo me encargo de que est
ás, maldit0! -determ
r escapar. -¡Que continúes! ¡Termina de dejarle claro a esta d
queó y no dudó de l
.besar a
no instintivamente cubriendo la herida en su hombro. Al principio, solo sintió una presión extraña, algo que nunca había exp
atido parecía amplificar el dolor, haciéndolo más intenso y abrumador. Mateo intentó movers
s, cada nervio gritando en agonía. Apretó los dientes, tratando de contener un grito, pero el dolor era demasiado. Un gemido escapó de sus labios, y su visión
sonrió satisfecha por el resultado. La quiso alcanz
se a toda prisa sin considerar que la podrían matar ahí mismo. A ella no le importaba, dej
uvo a Mateo cuándo este tensó
ecirla por primera vez en toda su vida y para A
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