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Historia

Capítulo 5 Chapter 5

Palabras:1284    |    Actualizado en: 20/12/2021

pte

e sobre la tosquedad de doña Brígida, quien, además, rebosaba salud y energía. Los platos caribeños como la ropavieja, el pollo frito y la piña se sucedieron servidos por tres criadas que se movían perfectamente sincronizadas. Algo que, sin duda, sabría apreciar el ojo crítico de mi madre. La conversación se distendía a medida que avanzaban los platos. Los mayores soltaron la lengua en cuanto se

ón para estar más cómodos, toma

satisfactoriamente y de haber superado la tirantez in

ios extremeños? Imagino que, una vez terminada la guerra, h

testó el interpe

r o por tierra? -insistió la ab

e en Cuba. Mi trabajo es la supervisión y las relaciones comerciales por lo que debo permanecer en Madrid y no al fre

tó la abuela sin a

idad laboral de su marido, la tía María Ángeles estir

. Ahora que ha vendido las propiedades de Cuba, ¿qué va a hacer? Se abur

a decisión tan desatinada, justo cuando

ortuna y, finalmente, el ingenio porque ha sido el más rentable, con diferencia, en estos años de conflicto con la desaparición de la remolacha. Me ha costado dejar atrás recuerdos de toda una vida de lucha, sinsabores, quebraderos de cabeza y de felicidad, pero

onveniente. -Se adelantó mi p

o -concedió el tío Leo

de alg

ía escapado el mohín de

a responder agobiada an

ay un pero -ins

rta confianza para que se conocieran -respondió la tía María Ángeles por ella-. Apro

hayan aceptado dar ese paso. Los jóvenes compartirán la casa y las comidas conmigo, pero pueden seguir adel

, inesperadamente, la abuel

queráis, no voy a ausentarme durante el verano. Creo que ser

erta principal que el ma

callados, cada uno sumido en sus propias reflexiones. Yo me preguntaba cómo influiría en mi vida una abuela tan peculiar

je -constató mi padre-. ¿D

dejes en evidencia. Revisaré la ropa y compraremos lo que sea necesario. Sospecho que Ruth desplegará todas sus ar

, aunque mis pensamientos discurrían por otras rutas. Me interesaba la abuela como mujer llena de contradicciones, con una vida difíci

s la comprende mejor que yo; sin embargo... -Me miró especulativamente, como si cayera en la cuenta de algo que no se le había ocurrido antes. Deseé que no me incluyera en sus ideas-. Deberás esforzarte y mostrarte agradable a mi madre -concluyó. Había tomado una determin

e la traición, el caballo de Troya; sin embargo, de momento, no me quedaba otra opción que ser peón en el tablero de ajedrez. ¿Era eso? ¿Un juego? ¿Una guerra? Para ambas era necesaria una estrategia y para trazar una estrategia había que conocer a los contendientes. El conocimiento

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