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Historia

Capítulo 4 ¿Por qué todo tiene que darme miedo

Palabras:1459    |    Actualizado en: 02/02/2021

os minutos después vuelvo a m

l número de Hugo. No puedo creerme que lo haya dejado

úmero por tercera vez, co

con su ya habit

lante de antes-escucho como ríe por lo b

as. No te preocupes,

re se tome las cosas de tan buen humor -creo

que estar en la oficina per

oias mías o realmente puedo estar en peligro? En las oficinas suele haber más gente y seguramente algún guardia pero.... ¿ Y si

tardado mucho divagando - habrá más gente Lis

como una señal divina todos los nubarrone

las nueve

tar así sin hacer nada y sin buscar ayuda. A partir de mañana

eo, la vi cuando me miré en el espejo, cuando miro la pared. Siento sus dedos sobre mi piel, su aliento, su voz la tengo

dificio donde trabaja Hugo. Esta vez he id

ro al ser de noche, en los despachos donde hay

hay una recepción donde me indican que el señor

en los tres paneles de espejo que me rodean. No puedo huir, ni correr así que el único camino es afrontar que esa s

se y brillo de labios aunque todavía se pueden ver los surcos debajo de mis ojos. Llevo un cuello alto negro, pero observo como sobresale un pequeño

llo, me inclino hacia delante y apoyo las manos en la

ne el ceño fruncido y está ligeramente agachado p

me haya visto salir del ascensor, y si me ha visto, deseo que me

or las escaleras y has llegado viv

uierda vas a una zona con tres sofás,una televisión de setenta y dos pulgadas y justo detrás, una barra americana repletas hasta los topes de bebidas, a la derecha hay

de trabajo, la rodea y se sienta

ebe ser sobre fútbol - me regala una increíble sonri

erf

importantes porque tal y como tengo la cab

se instante toca a la puerta su secretaria p

leo. En la pared cercana a la puerta hay un cuadro que me encanta desde pequeña " El grito" de Munch. Es una gran

alto teniendo en cuenta que yo mido un metro y sete

regunta mirando hac

nido que ir a ate

u vez. Tengo la esperanza de que se vaya a buscarlo a otro despacho y me deje tranqui

distancia que nos separa dando un paso tras otro, yo los retrocedo a la

apoyo las manos, tiro unos papeles al suelo y me recuerdo que los pulmones deben recibir la cantidad exacta de a

taria Hugo desde la puerta-ve

os. Hugo se acerca despacio, separa mis manos de la mesa y mira los dedos, blancos de la presión que sin darm

a la de mi padre cuando estaba triste por cualquier tontería y sabía que si y

de un hombre bueno que no sería cap

ojos se me humedecen y las lágrimas comienzan a salir, sin poder controlarlas,

Hugo me sujeta entre sus brazos, descendiendo poco a poco para

a a pasarte nada -

a a pasarme algo, estoy

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