silenciosa, y las paredes estaban decoradas con cuadros abstractos que no entendía. Caminó hasta la puerta marcada con el número "222". Respiró
cionado. Había un sofá de cuero negro, una mesa baja con una botella de vino y dos copas preparadas, y un
ia vuelta y saliera corriendo, pero el recuerdo de su madre en la cama, débil y necesitada de medicinas,
ruzadas en su regazo. El tiempo pasaba lento, y su incomodidad
traje negro impecable, con la camisa desabotonada en el cuello, como si el protocolo no pudiera contenerlo del
vó a Nayara sin disimulo, como si tratara de descifrar un enigma.
intentando sonar firme, au
ntrigado. No era común qu
l "regalo" del que Gianni hablaba. -Su tono era frío,
ció el ceño
regalo. Vine porque Gianni
iente para notar la tensión en sus hom
irió con dureza, como si
icinas de mi mamá. -La voz de Nayara se quebró ligeramente al final, per
ra sus negocios, pero había algo en esta chica que lo descolocaba. Su inocencia no era fingida
astro o Gianni, pero este no es un
se encogió ante la posibilidad de no recuperar el dinero que tanto necesitaba. Ap
buscar -dijo, su voz firme a
así. Quien lo hacía no solía vivir para contarlo. Sin
obtenerlo? -preguntó con un tono
dignación. Lo miró con los ojos abiert
de mujer -dijo co
va, era una muestra de su naturaleza. En el ambiente en el que é
a. Dio media vuelta, decidida a marcharse, pero antes de que
ante? -preguntó, con un
s ojos llenos de l
o no a cual
ara apartarse y salir de la habitación. Ángelo la observó marcharse, intrigado. Una parte de él quería detenerla,
fuerza. Cuando el ascensor se cerró detrás de ella,
re dientes, limpiándose el ros
olvió. Afuera, la noche era fría y hostil. Caminó sin rumbo, con las manos tembloros

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