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Historia
La chica de mi vida

La chica de mi vida

Autor: Luciana
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Capítulo 1 Solo soy la repartidora

Palabras:2264    |    Actualizado en: 02/03/2020

Estás atrasada con todas las entregas. ¡Los clientes han estado lla

partidora, y las muchas quejas que había recibido por teléfono por

retraso con las

paración para arreglarla, pero intenté repararla yo misma y parece q

neta para pasar al siguiente. Tenía tanta prisa por recuperar el tiempo perdido que olvidó ponerse el casco, y cuando giró el acelerador a la velocidad máxima, Carla parp

teléfono, Carla se sintió un poco

e color rojo cereza y tenía pocos detalles. Antes se había averiado y no había talleres de reparación dis

del día, Carla guardó su teléfono en el

ilbaba en sus oídos. Tenía que concentrar

ía que hacer en ese día. Solo le quedaba un reparto más y estab

ia de ir a recogerlo en la tienda ellos mismos, pero para el repartidor era un trabajo muy exigente. Las entregas se realizaban por toda la ciudad y se necesitaba

a estaban encendidas durante un buen rato y había muy poca gente caminando por

la vuelta de la esquina, a no más de dos o tres minutos. Estaba sum

por parte de Karen por retrasarse en sus entregas, lo único en lo que Carla podía pensar era en entregar su

idez, Carla no se dio cuenta sino hasta el último mo

amente encorvado como si estuviera herido y la miró con una mirada fría y defensiva. Ella trató de frenar pero la moto no le respondió, de modo que soltó el acelera

ese mismo día, pero incluso si Carla lograba frenar, ya estaba

momento mientras esperaba el inevitable choque, pero en lugar de escuchar un golpe, sintió que la motoneta se det

iertos, tratando de procesar por u

de que estaba bien. Notó que el hombre tenía brazos musculosos y un cuerpo fuerte y rob

y, con una mirada interrogante, preguntó a Carla mientras hacía u

eto, y no dejaba de m

gradó. Carla tenía un positivo y sincero sentimiento por él. Era apuesto y ten

a motoneta a pesar de esta

ue se volvió para mirar la caja de entrega que estaba en la parte posterior de su motoneta y vio que todo el contenido estaba disperso y arruinado. Al ver aquello,

do! ¡El

a pensar era en el pedido que tenía que entregar y en cómo había terminado convirtiéndose en una

¿Cómo le explicaré esto

encontraba cuando, de repente, tuvo que salirse de sus p

rza que sintió que su delgada cintura se

l. "Te pagaré diez ve

acercaba y cuando se volvió, vio a un grupo de h

í es

! ¡Detén

del hombre que estaba sentado en la parte trasera de su motoneta y la t

le fue posible. 'Mi vida es más importante que la comida que tenía que entregar', se dijo mi

se de que el hombre que iba con ella no era más que un

así que se dijo para sus adentros que, tan pronto co

a entrega y luego podría irse a casa, suspiró y seguía

un pedido

pedido '

ara ser entregado', se

a, fue aflojando el acelerador y el chillido del motor se

los estuviera siguiendo, lo que le permitió estar más al

Carla pensó para sí misma. Era difícil

mente, Carla era una chica menuda, de lo contrario, no hubieran cabido en el asiento, especialmente porque este tipo no solo era alto, sino también muy robusto,

cer algo estúpido para deshacerse de él. Para ella eso resultaba muy incómodo, ya que no sabía quién era es

anos de la cintura y sostener

a fuerza. Apenas me deja respirar. Le agradecerí

d de que él la siguiera sujetando,

ora. Conoces el camino por aquí y estás familiarizada con

ar un lugar seguro donde pudiera limpiarse y desc

dos modos había salido herido en el proceso. Tenía la cara ensangrentada

ste ha sido un día infernal! Cre

de sangre. Ni siquiera sé si se trata de alguien peligroso. Además, mi último pedid

norarlo. Estaba abrumada por todo lo que le había sucedido ese día, y no te

cansado y dolorido. Distraída, Carla llegó a unas calles familiares, y antes de darse cuenta, ya había aparcado en la parte delantera de su casa y

ían detenido, volvió a encender la moto y giró

e preguntó Terence. "¿Por

e aferró al manubrio, y la moto de repente dejó de moverse. Carla le echó un vistazo y se dio cuenta de que el hombre estaba apretando los freno

, Carla pudo sentir su cuerpo duro contra ella y oler la sangre

í conduciendo para poder alejarnos de esos bastardos. Parece una calle sin salida. Soy una simple repartidora. ¿Cómo

puedes bajarte ahora. Aquí es seguro". Mientras tanto, apagó e

un peso en la espalda y girándose para intentar ver qué

Carla. "¡Oye! Despierta.

en frente de mi casa. ¿Podría este día ser peor?'

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