opher se da la vuelta de inmediato la pequeña mujer agacha la cabeza no estaba acostumbrada y mucho menos se imaginaba
e busca o trata de arreglar sus prendas rotas, ella no quer
manos las partes de su blusa que estaban desgarradas. Su cabello dorado, normalmente recogido y orde
s oídos apenas cruzó el umbral. Podía sentir sus miradas clavadas en ell
de las mujeres, haciendo que la otra empleada se avergüence, saben perfe
ndida. Eda ajó la cabeza y se apresuró hacia la escalera, cada paso un recordatorio de lo vulnerable que se sentía en ese preciso momento. Sus manos tem
e dejó caer al suelo. Su espalda chocó contra la madera, y su cuerpo se
lmas, intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir. No enten
iores, en cómo pronunciaba su nombre con una suavidad que jamás usaba con ella en las entrevistas. Su relación no era más que un acuerdo
nsidad de Christopher, la manera en que la había mirado, tocado, como si n
a sí misma, su voz apen
ir. Pero, al mismo tiempo, su mente luchaba contra ello, contra la ide
un suspiro pesado se seca las lágrimas y avanza hasta el cuarto de baño dejando que el agua fría se lleve aquella sensación de deseo y placer que la había invadido hace minutos en el despacho de su esposo, después de dar por terminada el
frece algo? - Pregunta el ho
lleves a la farmacia -
va el vehículo alejarse. La misma había llegado rápidamente hasta la Farmacia. Eda llevaba una gorra y unas gafas de sol para evitar que alguien la reconociera, después de todo, la mayorí
lentamente, repasaba mentalmente lo que diría. "Solo di el nombre. No expliques nada, no te pongas nerviosa", se repetía ella men
é puedo ayudarte?- l
alieron. Sintiendo cómo su cara se calent
no, una pastilla... ya
unció el ceño lige
olencia es? ¿Podrías
as en la fila clavados en su espalda. Decidió i
pero no con el tono bajo que había planeado,
dignada, mientras un adolescente escondía una risita tras su teléfono. Para colmo, una mujer elegantemente vestida que estaba
iar la tensión, se inclinó hacia
. Dame un moment
aun así ella lo sigue viendo mal, solo que no había logrado ser más discreta. Al salir de la farmacia, se aseguró de que nadie la siguiera, pero la periodista ya había enviado un mensaje a su redacción. Eda se sube al
pastilla del día después". Los comentarios no se hicieron esperar en el posteo. Algunos la acusaban de usar la pastilla como parte de un plan calculador, m
e los innumerables de textos ella estaba confundida no estaba entendiendo por que ahora era alguien tan solicitada, entonces lee los encabezados de los p
temblorosa, sabe que Luce
l, casi exigiendo respuestas-. ¡Por Dios! ¿Por qué no m
deseando estar en
rmuró, aunque ya podía adivi
tos, Eda! Las fotos en todos los medios. Tú, en una farmacia, comprando la bendita pastilla del d
álido por la ansiedad, se volvió aún más incoloro. Tragó sa
ceó, sin encontrar la
rle espacio para explicarse-. Tú nunca me oc
de la noche anterior pasándole por la mente como un torbellino confuso. Había sido una
n un susurro. Sentía que cada palabra era más pesada que
segundos, lo suficiente como para q
estuvo bien? -preguntó Lucero, su tono ah
na mano al rostro para cubrirse los ojos. Sentía una vergüen
la línea, y su tono cambió, d
círmelo todo. Estoy aquí para ayudarte, ¿de acue
ría que enfrentarse a todo, a Lucero, a Christopher, y a las miradas de los demás a sus padres en su mente. Pero en ese momento, lo
pero sé que algo estaba
que soy muy emocional, lo habl
ivamente lo n
enport a la tarde - La llamada había terminado, ella se lleva el móvil a la altura del pech
rada para entender que algo andaba mal, ella se había asustado más, no sabe co
letín a un lado, era la segunda vez que C
ar que escuchen aquello que estaba buscando y tal par
a pero sin lograrlo del todo. Christopher suspiró, se pa
, hablaremos con nuestro equipo de relaciones públicas. Lo manejaremos, no hay na

GOOGLE PLAY