rueda los ojos antes de volver a hablar - ¿Sabes, Eda? Creo que deberíamos llevar la cuenta de cuántas veces te pon
e acerca a la venta observando el gran movimiento de sus guardias en el exterio
nca te sonrojas? - Al escuchar a su esposa el hombre se da la vuelta nuev
vamente siente sus mejillas calientes - definitivamente es una rutina para ti esto. ¿Ya te tomaste la pastilla? - vu
r su futuro - al momento en que Eda dice aquello, su esposo la fulmina con la mirada, claro que ella sabe que si llega a
calles - expuso el hombre de
es de que esto pase a mayores
s que has tomado la decisión correcta - Eda nada más realiza una mueca, ella no tenía nada que pensar, definitivamente no puede estar casada con un hombre que ama a otra mujer, debe de divorciarse de Christopher cuanto antes, antes de irse por d
menudo cuerpo. Christopher Davenport estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia el horizonte con las manos en los bolsillos, su figura altiva recortada contra el
más firme de lo que esperab
hombros indicó que la había escuchado. Finalmente, se volvió ha
-preguntó con un tono tan contr
tentando ignorar la f
Christopher - expuso el
mostró ninguna reacción inmediata, pero el ligero movimien
bara las palabras. Su voz era baja, pero había un filo en ella
más -explicó con un esfuerzo visible. Sus ojos buscaron los de él, pero Chri
sa seca, despro
dos? -repitió-. Eda,
arruga sin entender a qué se refería exactamente
lo que querías. Es más, anoche... -Se detuvo, incapaz de te
paso cargado de intención. Cuando h
torio, Eda. Un recorda
us ojos grandes y claros. La inocencia de su pregun
ompartimos, lo que somos. Eso no es
en la forma en que la miraba, que la hizo sentir pequeña y expuesta
ente, reuniendo el valor para enfrentarlo-. Esto es un matr
una tormenta en los ojos de él. Su expresión se oscurec
el aire se volvía denso, como si cada partícula cargara con el peso de su furia conte
desafiando el miedo que
hacerlo? Patricia es...
que sus rostros estuvieron a sól
si crees que voy a dejarte tan fácilment
, una mezcla de miedo y algo más que no quería reconocer. Pero al mismo tiempo, supo que ella era la única que se atr
, aunque su interior temblara-. ¿Por qué me nie
que cualquier palabra. Finalmente, acercó su mano y rozó la línea de su mandíb
cosas que no pueden romper
ón y deseo. Y en ese momento, Eda supo que su batalla con Christoph
ue envolvía a quienes la escuchaban, como un murmullo sereno que calmaba hasta las almas más inquietas, aquella ton
ono grave y desgarrador, capaz de estremecer hasta los huesos y arrastrarte a las profundidades de un infierno imaginario, donde cada frase parecía encender brasas ardientes a su alrededor. Su caliente mano entra en
por su esposo, sus rostros estaban tan cerca, sus labios
l hombre la mira fijamente, estaban adentr
iraba, sus pupilas dilatadas reflejaban un deseo intenso, oscuro y palpable, mientras su mirada viajaba lentamente por cada rasgo del rostro frente a él. El ambiente parecía contener el ali
de ella tiembla ante aquellas palabras, su esposo se aparta rodeando todo el escritorio, seg
ozaron con suavidad la curva de su rostro, apenas un susurro de caricia, mientras su mirada la atrapaba, profunda y magnética. Él inclinó ligeramente la cabeza
as que hicieron que su piel se erizara al instante, como si el aire alrededor de ellos vibrara
manos de Eda y la guió hacia su pecho, haciendo que sintiera el ritmo de su corazón, intenso pero firme, un contraste que confundía la inocente mente de su esposa. Todo en su actitud era un juego seductor,

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