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Historia

Capítulo 2 La propuesta

Palabras:1192    |    Actualizado en: 03/03/2025

ro Guillermo se acercó a él, fulminándolo con la

lermo con voz dura-No mereces

una mano a la boca, sus ojos reflejaban terror. Eduardo retrocedió u

spetó Eduardo refiriéndose a mí, con desprecio,

diera tocarme, Guillermo lo detuvo en seco

virtió Guillermo, su voz baja y conten

no hubieran sido una daga que lo atravesaba. Había algo en Guiller

. Además, ya firmé el divorcio -dije, con un nudo en la gargan

casa o llamaré a la policía

lo miró co

ijo, y por primera vez, su voz sonó realmen

con una son

or! Amanda es una mujer con pr

o. La humillación ardía en mi pecho, pero antes de que

tuyo -espetó Guillermo con rabia contenida-Lo que

ltó una carcajada seca-No es nada

s con fuerza, respiró ho

tarde para ti–dijo Guillermo,

do qué quieres decir. Guille

salida. Por un momento pensé que Eduardo intentaría detenernos, o que diría algo... pero no.

solté bruscamente del

í, sintiendo aún la adren

mo no s

ré a mi casa. Nec

de la mano, uno de sus hombres

sistí, intentando recuper

meza, mirándome con intensidad- No puedes q

ojos me estudiaban con determinaci

e. Te llevaré a un lugar seguro do

ía? Eduardo me había despojado de todo: mi hogar, mi matrimonio, mi dig

asentí c

que las palabras de Guillermo volvieron a

ré ha

El tiempo lo dirá."hice

expresión tenía u

ntirá de lo que ha hecho -dijo-Y c

i casa? -preguntó con

í el

ce una pregunta -

o y me miró

que lo que Eduardo te ha dado -dijo. Su voz era

se acercó un poco más. Lo cual me int

onstruir un futuro mejor. Sus palabras me desconcertaron. H

Guillermo? -pregunté,

do y, sin apartar la mirada

especial -dijo con voz firme-Y después de lo que pa

mpezo a lati

tás dici

untó, extendiendo su mano hacia la mía. El

o? -mi voz tembl

-. Estoy completamente seguro de es

matrimonio después de

o que realmente merece

za-¡No te creo! ¡Eres solo un hombre

ionó. Solo bajó la

ento,

do. Ya no era el hom

do lo que tengo en tus manos. No quiero que Eduardo se

ntien

hondo antes de mir

.. estoy

ó desmoronarse

ón latiendome en la garganta. Guillermo exhaló con frustración y, sin de

, por fav

agotada. Cada fibra de mi cuerpo se sentía

cuestrando? -pregun

nte. Solo abrió la puerta del au

rvajal -ordenó con s

pensar. Sentí la mano cálida de Guillermo sobre mi hombro. Su toque era suave, casi tranquilizador, pero yo aún no podía entender si sus

llermo, inclinándose ha

corrió mi espalda y, de repente, al

te y, al ver a Guillermo,

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