áginas llenas de letra pequeña que he leído una y otra vez desde que volví de su mansión hace unas horas. Mi firma garabateada en la última hoja me mira como un recordatorio de que acabo de vende
l autobús de regreso: "La empleada residirá en la propiedad del emple
iero nombrar, pero la idea de estar bajo su techo, bajo su mirada todo el tiempo, hace que mi piel se erice. No tuve tiempo de procesarlo en su despacho, con él dictand
que me hace saltar. Corro a contestar, tropezando con una caja de ropa que aún no
más rápido, como si supiera que algo
sma que me citó antes-. Ha sido seleccionada como niñera de Lucas Valtor. Debe presentarse mañana a las siete
revistas, algo que me diera tiempo para prepararme mentalmente. Pero no. Esto es real
las siete. Gracias -respondo, y cuel
tes que apenas me miró, y en Damián, con su voz grave y su manera de ordenar el mundo a su alrededor. ¿Cómo voy a sobrevivir bajo el mismo techo que él? Mi apartamento es un desastre -factu
so. No tengo mucho que llevar; mi vida cabe en una maleta de segunda mano con una rueda rota que arrastro por el suelo. Cuando termino, me miro en el espejo del baño, y lo que veo no me gus
mo frío: "¿Siempre eres tan elegante al presentarte?" Cuando el reloj marca las cinco de la mañana, me rindo y me levanto, preparándome con manos temblorosas. Me pon
ieza a salir, bañando las paredes de vidrio en tonos dorados que no logran suavizar su frial
era -digo, y mi voz suena m
e ella, y me guía por el vestíbulo hasta
cas está sentado en el suelo otra vez, con el mismo rompecabezas, y no levanta la vista cuando entro. Mi ma
erezarme-. Clara te mostró el contrato, supongo. Vivirás aquí. Hay una habitac
tiendo rápido-. Gra
su voz es tan afilada que siento que me reprend
escaleras que parecen no terminar, hasta que llegamos a una habitación sencilla pero elegante: una cama con sábanas blancas,
al comedor con Lucas. No te retrases
ir aquí. Con él. Con Lucas. Saco el contrato de mi bolso y releo esa cláusula: "La empleada residirá en la
detrás de esos ojos grises tan parecidos a los de su padre. Damián ya no está; la mujer del delantal me dice que salió a Vortex Enterprises, y una parte de mí se al
s? -pregunto, intentando
él, una tristeza que no entiendo, y me pregunto cuánto tiempo lleva así,
y silenciosa a mi alrededor, no puedo evitar sentir que acabo de cruzar un umbral del que no hay regreso. Firmé ese contrato, y ahora es