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Historia

Capítulo 3 La oferta inesperada

Palabras:1066    |    Actualizado en: 08/09/2025

ones. Llevaba más de doce horas dentro de las paredes impecables de Del Monte Holdings, y aun

horas, pero el despacho de Dante Moretti seguía iluminado. El murmullo lejano de la ciudad se filtr

Apenas podía creer que había sobrevivido su primer día sin derramar café sobre algún document

me que ya reconocía r

rita

idante que parecía cargar en cada movimiento. La corbata gris estaba aflojada y la chaqueta del traje descansaba sobre una silla, pero ni

ofesional mientras reprimía la incomodidad que le pr

omó el documento de sus manos y lo hojeó sin sentarse, sus ojos grises recorriendo las pá

os, dejó la carpeta sobr

table -d

frunció

cuatro horas revis

ble -respondió, seco, mientras toma

a extraña sensación de que Dant

ré que sea... sobresaliente -dijo

Dante se curvaran apenas en una

a. Aquí no se premia el es

riesgado, pero había algo en su tono, en esa forma tan calcula

otra, y la estudió con detenimiento, como si quisiera descifrarla.

a, trabajará exclu

deó varias vec

erd

con absoluta calma-. Necesito a alguien que gestione mi ag

bara de pedirle que pilo

todo m

rario de oficina. Hay cenas corporativas, viajes, juntas de e

, al mismo tiempo, el más codiciado dentro de Del Monte Holdings. Pero había un problema: no entendía por qué

debería haber mejores opciones para usted. Apen

nte, con voz baja pero firme-. Estoy dándole

por unos segundos, intentando leer entre líneas. Había algo en su tono, en esa

e atrevió a preg

. No parpadeó. No sonrió. No respiró más r

a usted -respondió, s

cogía. No supo si la respuesta la

io-. Cláusulas de confidencialidad, exclusividad y disponibilidad absoluta. Nada de filtracione

o tomó con manos temblorosas. Eran al menos veint

ó las palabras- mucho

se hacia adelante-. Y también

a de golpe, sintiendo cóm

gnifica que no pue

de Dante brillaron con a

odos sobre la mesa, acercándose lo suficiente para que Catalina sint

do que Catalina sintió que podía oí

recostarse en su silla, como si aquella adve

a para decidir. A

intentando controlar la respiración. Mientras el ascensor

de su vida personal. Sabía que Dante Moretti era un hom

dea de rechazarlo le

lo en su despacho, observando por los ventanales. Sobre su escritorio, el e

iro escapó d

a mi juego,

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