IT
azul pálido. Me levanto. La noche de vigilancia ha terminado y, con
aire frío de la Rusia que me rodea. Me visto de negro, ropa táctica y cómoda que me
cara de San Petersburgo. Le di las especificaciones anoch
queje de la calidad -mu
que mantenga el anonimato. Su mente entrenada buscará
onal: kasha caliente, huevos y té negro. Una c
la puerta con el mismo clic de a
as contra el pecho, su cuerpo cubierto por la sábana áspera. Su postura es de pura derrota. Incluso desde la distanci
e desayuno en la mesita de noche. Luego, d
os, pero el fuego aún arde en ellos. Me mira,
tas
llanto pero aún cortante-. Así que sí tie
omo una navaja. Menos mal que la capucha oculta mi sonrisa. Si vie
el silencio que se vuelve un arma. Ella espera m
isión es simple: prove
áspera y sin emoción, rompe el silencio-. Víste
da a solas con su rabia y su desayuno. El juego de l
ción. Diez minutos. Es el tiempo que necesita para pasar de l
pequeño cargamento interceptado en el puerto de Vladivostok, resolviendo el asunto con un par de órde
a un lado y me dirijo a la puerta de Antonella
de lana de cachemira, sencillo pero elegante, de color burdeos, que contrasta maravillosamente con su piel
a cabeza. Es un escaneo profe
con ella. A sus veinte años, Antonella no es solo hermosa; es una visión de simetría y gra
años, siento una reacción física al admirarla como mujer, un calor incómodo que sube por mi cuerpo al detallar
l silencio, su vo
e, con un toque de sarcasmo-. Está
do la capucha baja. No le da
esto, mi voz gra

GOOGLE PLAY