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padea, c
e ent
interrogatorio, pero incómoda para ella. Es hora de deja
para saber las dimensiones de una mujer. Con solo mirar, un hombre es capaz de detallar las medidas de una ci
. El vestido, que antes era una armadura, ahora se siente como una provocación. Es la p
ante, sofocando el rubor con un esfuerzo visible. Ella cam
importantes -dice ella, con la barbilla e
ación que pido, pero bajo sus propios términos. Debo tener c
cruzando los braz
onversación la tengamos car
, señalando el esp
sus ojos fijos en la
u jefe. Necesito respuestas, y no me gusta hablar con personas que es
etrás de la tela. Es aud
ojos, devushka? -pregunto, sinti
ella, sin vacilar-. Por lo regular, no mie
na filósofa. Es una excelente razón, y una que no pue
ición no tiene nada que ocultar. Está bien. No tengo problema con qu
a Antonella, cerrando la distancia entre nosotros con una intenc
El silencio es total, roto solo por nuestras respiraciones. Ell
no lo
se fijan directamente en los míos. Sostiene la mirada con una audacia que
un olor a jazmín y algo más oscuro, seductor. Me llega
ro, mi voz a
s lento y deliberado. No es un acto de confianza,
a, liberando mi cabeza. La luz tenue de la habita
cara h
or. Mis ojos, azules y fríos como el hielo del Ártico, se clav
y por fin, estamo

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