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o admitió, sino que me dijo que estaba harto de mi ambición y que su nueva ama
pujó por la
on el pretexto de cuidarme, me obligó a tragar una sopa asquerosa, susurrando que era "la sangre y la carne" de mi bebé muerto. C
eve años de amor que sentí por él. Había prometido ser
ora la despreciaba? ¿Por qué protegía al monstruo que me
. El amor estaba muerto. Y con él, la mujer que alguna vez lo había amado. Tomé
ítu
ista de Is
, me estaba engañando. Pero no era con una modelo más joven o una rival de negocios, era con Brenda Soto, una mesera de fonda,
s por las lágrimas que no derramaba. Mi cuerpo se puso rígido, un frío helad
, mirándola con una intensidad que no me había dirigido a mí en meses. Sus ojos, usualmente tan agudos y calculadores en los
ntía como una traición. Caminaba con la misma confianza, su traje perfectamente hecho a medida toda
cuerpo gritando. La foto, impresa y cruda, estaba
susurro tembloroso, apenas au
go, con un suspiro que parecía cargar el peso de nuestros
parece, Isabela -su voz
pulmones. Mi mente se qued
do de mi garganta-. ¿Qué pasó con todas tus promesas? "Siempre s
ándose una mano
a. -Su mirada se encontró con la mía, fría y distante-. Estoy cansado. Cansado de s
cosas, cada pala
cuánto trabajo es eso? ¿Estar constantemente persiguiendo tu genialidad? ¿Ser siempre el actor de r
credulidad-. ¿Hablas de orgullo? ¿Y qué
ign
e de verdad, no como un proyecto para ser admirado o un obstáculo a superar. Después d
n, Alejandro! ¿Es eso suficiente para tirar a la basura nue
una exaspera
dado tranquilo y protector que no exige nada de mí. Ella es tod
ás. Continuó, aplastando mi
stre para mi empresa. Pero entiende esto: he terminado. No te meta
ármol. El hombre que amaba, el hombre que había derribado mis muros
ción. El desastroso divorcio de mis padres me había dejado a la defensiva, recelosa del amor, pero él había sido persisten
mundo se viniera abajo. Alejandro, sin decir una palabra, había regresado de su
el cabello-. Déjame ser fuerte por ti. Puedes ser vulnerable conmigo. Incluso puede
cuando me sintiera con ganas. Y lo había hecho. Había aprendido a ser suave, a ser abierta,
. Ya no me amaba. La comprensión fue un dolor físico. Quería creer que solo estaba perdi
s grandes y aparentemente inocentes. Le ofrecí dinero, suficiente para desaparece
rró, su voz apenas au
xtendió en mi pecho. Sin ali
ía tenido un accidente de coche. Y luego, la siguiente pieza de in

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