í. Sentí un impulso primitivo de protegerla, de convertirme e
todavía pegados a Emma, con u
mo si las palabras fuer
á esperando, señor Roth. Le sugiero que la atienda. -Mi mirada se desvió h
un trapo. Vio a Damián, vio la tensión, y su sonrisa fácil se desvan
os, cálidos y tranquilizadores, se encontraron con los m
se entrecerraron
? -exigió, su voz
diendo una mano que Damián ignoró-. Copropieta
otector que formábamos alrededor de Emma. Vio mi anillo de bodas, una simple argolla de plata que Cris
volviéndose finalmente hacia Carla
s de lo necesario. Un escalofrío recorrió mi espalda. El fantasma de nuestro p
es, me encontré trazando la tenue cicatriz en mi muñeca. Era un recordatorio, un testam
mismo, la historia de éxito que los medios adoraban. Pero sus orígenes humildes eran una narrativa cuida
rapado en una pelea callejera cerca de una de las obras de mi padre en Neza. Yo, una ingenua socia
o. Él me miró entonces, sus ojos ardiendo con una mezcla de furi
ante pero atrapado. Su historia, contada con una intensidad silenciosa, tocó algo profundo dentro de mí. Habló de una madre fallecida, una m
hambre de demostrar su valía. Vi un proyecto, un alma que salvar. Mi padre, un magnate inmobiliario co
e había suplicado-. Solo
bición de Damián. Le ofreció a Damián una beca para el Tec de Monterrey, una oportunidad para escap
adre, impresionado, tomó a Damián bajo su ala después de la graduación, enseñándole los secretos del negocio, presentándole a su red de contactos. Damián era como una esponja,
ligencia, la forma en que me miraba como si yo fuera la única persona que realmente lo entendía. Me convencí de que e
ngustiado, intentó cumplir su último deseo: un tipo específico de orquídea rara que ella amaba. Condujo fuera de
Murió al instante, una orquídea vibrante aplasta
or, perdí a mis dos pad
los arreglos del funeral, los trámites legales, protegiéndome de los buitres que rodeaba
e se fuera, Damián se arrodilló ante mí, su
juro que pasaré mi vida asegurándome de que nunca te sientas sola, de que nunca te falte nada. -Sacó una pequeñ
bilidad que me quedaba. Dije que sí. Me prometió un nuevo comien
. Era el dolor de un corazón ingenuo, confundiendo la gratitud con el amor, la deses
l legado de mi familia. Él lo tomó t
ora. Damián estaba aquí. Y su mirada sobre Emma, mi

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