ana
. El aire en nuestra pequeña sala de estar se volvió denso con historia no contada, con recuerdos compartidos retorcidos en
rosa, un temblor recorriendo su cuerpo-.
te miró a Beto, una sombra de
ro hablar
preocupación, dio un paso adelante, coloca
Escuchemos lo qu
e jaló detrás de ella, un escudo protector contra
ente, Armando. Déjan
udo, más observador que nosotros. Incluso entonces, poseía una intensidad silenciosa, una sabiduría más allá de sus años. Lo recordaba de niño, sus ojos contenían una profundidad que me fascinaba y me inquietaba a la vez
completas, un boleto dorado para salir-, debería haber sido una celebración. En cambio, hundió a nuestras familias aún más en la desesperación. Las becas cubrían la matrícula, pero los gastos de manutención, libros, comida...
cortaba el aire húmedo del verano, una letanía venenosa de cómo era una carga, de cómo no podían permitirse un "universitario". Amenazó con echarlo, con hacerle entender su luga
erqué, mi propia carta de beca qu
apenas audible-. ¿Tú... qu
ista, sus ojos inyectad
on voz ahogada, su voz cruda-
una locura. Fui a casa y les dije a mis padres que iba a dejar La Esmeralda. Mi beca, mis sueños de pintar, de crear belleza, se desvanecieron en ese momento. Mis
la es
a, turnos nocturnos en una tienda de conveniencia. Mis manos siempre estaban agrietadas, mis pies siempre doloridos. Cada peso que ganaba se dest
ue solo había visto desde afuera. Pidió por mí, me explicó los platos, sus ojos brillaban con una emoción casi infantil. Des
esto. Me diste una oportunidad cuando nadie más lo hizo. Te prometo que
la lluvia, fueron la poesía más hermosa que jamás
ero. Pronto, nos mudamos a un departamento un poco más grande. Él y Beto prosperaron. Los observ
nacido con conexiones, con una red de amigos poderosos. Le dijeron, sutilmente al principio, luego más directamente, que un abogado sin linaje era simplemente un empleado, un peó
era una pesadilla de relaciones públicas. Armando lo tomó. Trabajó incansablemente, diseccionando cada detalle, encontrando las lagunas oscuras que otros pasaron por alto. Sacó al niño rico. Un tecnici
ipo de confianza irradiando de él. Lo esperé, mi corazón est
ado por el dolor y la rabia, se abalanzó sobre él. Bland
cruda de agonía-. ¡Dejaste libre
Un dolor abrasador me atravesó el costado, una sensación caliente y húmeda extendiéndose por mi ropa. El mund
mientras sangraba, su r
sus palabras saliendo a trompicones, desesperadas e incoherente
arrodilló junto a mi cama, con la cabeza gacha, sus manos entrelazadas en una oración silenciosa. Sollozaba, a veces en silencio, a ve
í, su rostro demacrado, sus ojos hinchados. Apretó mi mano, s
nando su rostro contra mi ma
o sentado de golpe en la cama, jadeando, su cuerpo cubierto de sudor. Se aferraba a mí, sus brazos e
a estás aquí. Gracias a Di
sintió real. Absoluta
ora guardaba con fuerza. Un recuerdo para contrarrestar

GOOGLE PLAY