img La abogada del padrino  /  Capítulo 3 LA JAULA DE CRISTAL | 3.75%
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Historia

Capítulo 3 LA JAULA DE CRISTAL

Palabras:1778    |    Actualizado en: 16/12/2025

ón que parecía vibrar en las paredes. Valeria cerró la puerta de vidrio detrás de ella, silenciando la presenc

o negro golpeando rítmicamente el suelo, como un metrónomo marcando el tiempo de una bomba. La luz de la luna, filtrada a través de las corti

a. No estaba acostumbrada a ser recibida con hostilidad por sus clientes; generalmente, la

ada? -preguntó Gabriel, exhalando una columna de humo haci

ón, una butaca rígida frente a él, y se sentó. Cruzó las piernas, sacó una libreta y una

en posición de cobrar nada, Gabriel. Estás en posición de pasar los próximos veinticinco años en una celda de t

invadiendo el espacio personal que separaba sus sillas. Sus ojos

crecido en esta casa, Valeria. He vivido rodeado de guardias, cámaras y muros toda mi

do ver algo en el fondo de sus pupilas: no era miedo

la, cambiando de táctica-. Y yo he pagado un precio aún más a

en un cenicero de cristal

e -dijo con desdén-. Pero hay cosas

to del senador Ernesto Arriaga. La fiscalía dice que fuiste visto entrando en su suite del Hotel Imperial a

de nuevo y cruzando los brazos detrás de l

jefe del crimen con un senador que basa s

una mueca care

oso en varios proyectos de construcción de mi padre. Quería salirse. Tenía miedo de que la

anotó rá

qué

por un instante-. Entré. Lo llamé. No respondió. Caminé hacia la sala de estar y lo encontré. Estaba en el suelo, junto a

tó Valeria, sintiendo

olvió a mirarla-. No toqué n

policía? -insistió ella,

de encontrar un cadáver caliente y resulta que mi apellido está en la lista de los más buscados de su com

nte. La historia era pl

que te incrimina es el arma. Una pistola 9mm registrada a nombre de una empresa fantasma vinculada a tu

Su cuerpo se tensó, la relajación fingida desapareciendo para

toda ironía ahora-. Yo no llevo armas. Nu

ntó una ceja

áximo Mendoza

los puños -replicó Gabriel con vehemencia-. Nunca he tocado esa

Qu

y comenzó a caminar por la pequeña

La proximidad era intimidante. Valeria podía ver la textura de su piel, el leve rastro de barba de un día, y oler esa

e pie para nivelar, aunque fuera mí

completa, Gabriel. No la versión editada. Dijist

a vio una grieta en su armadura. Hubo u

del senador -d

s lo que

nstinto de retroceder. La tensión entre ellos cambió de frecuencia; ya no era solo un co

er a sus ojos-. Demasiado lista para tu propio bien. Mi padre te eligió porque cree

voz firme aunque el corazón le golpeaba contra

chaqueta. Valeria se tensó, pero él solo sacó un obj

ia, tienes que entender una cosa: la verdad

ré el

inesperadamente suave. Abrió la palma de ella y depositó el obj

e a su oído. Su aliento rozó su piel, provocándole un escalofrío involu

a un gemelo de camisa. Era de oro blanco, con una forma muy d

ercial. Era una pieza hecha a medida. Y había

iel, con los ojos abiertos

to

y amarga-. Pertenece a la mano derecha de mi p

e el suelo se mov

de tu padre mató al senador y te

Mi padre cree que es una conspiración externa. Si descubre que la traición viene de adentro, de su hombre de confianza... correrá

a, sintiendo los bordes del águ

-preguntó-. Podrías hab

nsidad desarmante-. Tú eres la única extraña aquí. La única pieza que no encaja en el tablero. Y

o se abrió. La figura imponente de Máximo Mendoza apareció

e pero cargada de sospecha mientras sus ojos viajaban d

. Tenía la evidencia que exculpaba a su cliente, pero esa misma evidencia

ional, y deslizó la mano disimuladamente en el bo

Valeria, sintiendo que acababa de cruzar

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