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Historia

Capítulo 4 EL PESO DEL ORO

Palabras:1681    |    Actualizado en: 16/12/2025

lazadas a la espalda, como un general evaluando a un teniente que acaba de regresar del frente. Sus ojos grises no buscaban mentiras en el rostro de Vale

ngañosa-. Gabriel puede ser... difícil. Tiene el temperamento de

labras con cuidado quirúrgico-. Y entiende la graved

a mesa baja y cerró la carpeta que contenía la vida de V

. Silvio la acom

ioso de Valeria. Apenas tuvo tiempo de procesarlo cu

de la corte penal, un fantasma que aparecía en los expedientes policiales pero nunca en el banquillo de los acusados. Era más alto que Máximo, con un

, carente de la calidez fingida de Máximo-. Es un honor. He seg

su peso, tirando de la tela de su chaqueta. Tenía la evidencia física de que el hombr

, señor

camino. Al hacerlo, el puño de su camisa

ntuvo la r

blanco con un pequeño rubí en el ojo. Idéntico al que le quemaba la cadera. La confirmación visual fue u

Silvio estaba ocult

-dijo él, con una

un túnel de alfombras persas y retratos que la observaban con desaprobación. Silvio caminaba

zaban. No la miraba, mantenía la vista al frente-. Máximo l

e? -preguntó Valeria, intent

ipal. Se giró hacia ella, bloqueándole el paso suavemente. Sus

sus propios demonios. -Silvio sonrió, mostrando unos dientes demasiado blancos-. Como su abogado, le sugiero que filtre todo

hablaría. Lo que no sabía, lo que no podía saber, era que Gab

al -replicó Valeria, sosteniendo su mirada con un esfuerzo t

o se ensanchó una f

e, señora Santander. Conduzca con cuidado. Las

una mira telescópica. Recibió las llaves del valet con manos que temblaban ligeram

l tráfico de la avenida principal, se permitió exhalar

ovisor le parecía un coche de seguimiento. Cada sombra en las esquinas parecía esconder a un

s que, por primera vez, le pareció ridículamente insuficiente. Subió en el

ado, dominado por colores blancos y grises. Pero esa noche, e

manos temblorosas y lo bebió de un trago. Luego, sacó el gem

parecía inofensiva. Un simple accesorio de lujo. P

por no acudir a él primero. Si se lo entregaba a Máximo, revelando la traición de Silvio, podría desatar una guerra interna en la mafia e

inocente, y ella sería cómplice de una injusticia mo

ería era exquisito. Giró la pieza. En la parte posterior del mecanismo d

ó la

– Fid

spesa que casi podía saborearla. Estaba persona

ima de su profesión siendo una víctima pasiva. Tenía que haber algo más en el caso del Senador Arriaga, algo que conectara a Silvio con el asesinato más allá de la si

o móvil rompió el silen

pantalla. Núme

amiento fue Má

ra contestar, pero

iste en el At

a voz masculina, tensa y vagamente familiar, pero que pe

tó, aunque una parte d

-dijo la voz-. Soy R

universidad. Su ex-amante. Y ahora, el hombre e

as paredes se cerraban un poco más-

Rafael, su tono mezclando preocupación y rabia profesional-

entar a mi cliente, Raf

amenazaron, pero este caso no es lo que parece. Hay agencias federales involucradas. Esto es más grande que u

-mintió ella, aunque deseab

no está en el expediente oficial que te enviaron. Algo que encontramos en el te

el gemelo s

encont

nato. Arriaga no estaba discutiendo con Gabr

se quedó

a mu

la voz se parece

go acababa de cambiar. Ya no se trataba solo de defender a Gabriel o de ocultar su fraude

-dijo Rafael-. Y ven sola. Si le dices a M

mada s

Miró la ciudad a sus pies. Tenía la prueba de la culpa de Silvi

rfecto entre la mafia y la ley, y ambo

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