img El Regreso de la Esposa Despreciada  /  Capítulo 5 La Firma y el Humo | 5.88%
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Historia

Capítulo 5 La Firma y el Humo

Palabras:1746    |    Actualizado en: 23/03/2026

ortiguado, reservado exclusivamente para los pacientes VIP y la élite que requería

desde la pesadilla de hierro y fuego en la carretera costera. Detrás de él, en la inmensa cama de hospital, Valeria dormía profunda

ón de cuero en la esquina de la habitación, hojea

Te has pasado las últimas cuarenta y ocho horas aquí. La prensa ya tiene la narrativa bajo control. Fue un ac

resión constante en su pecho que el café n

-dijo él, su voz ronca sonando ext

ro de fastidio, cerran

mejores cirujanos plásticos no puedan arreglar. Irás a verla más tarde. No puedes dejar a Valeria sol

s días, la imagen de Clara atrapada entre los hierros, mirándolo a los ojos mientras él retrocedía con Valeria,

el ceño, enderez

ón de triaje. Salvaste a la persona que podías salvar más rápido. No dejes

eriosa necesidad de ver a Clara. Necesitaba verla a los ojos, explicarle, prometerle que la compensaría, que le compraría la villa en la Toscana que ella h

norando las protestas de su madre, y

e cuidados intermedios, Alexander ajustó el cuello de su camisa arrugada, preparándose mentalmente

ar tres pasos por el pasillo esteri

que gritaba dinero viejo, con un maletín de cuero negro en la mano. Su postura era rígida y su

reguntó el hombre, con un inconf

o de relaciones públicas ya emitió un comunica

brió su maletín y extrajo un grueso sobre de papel ma

& Asociados, con sede en París. Y no estoy aquí por la prensa

unció el ceñ

París actualmente. Se h

o acto reflejo, lo tomó-. Mi clienta es la señora Clara. Aunque, a partir de este mom

tuviera a punto de detonar. Con dedos repentinamente torpes, rasgó el papel manila y

obó el aliento de los pulmones: Demanda de D

na broma de mal gusto. ¿Quién lo contrató? ¿Mi madre? ¿La competencia? Clara no tiene el dinero ni los con

sieur -dijo Dubois, ajustándose las gafas con calma-. Le sugie

ección indicada, sus ojos se abrieron de par en par, leyendo e

resas Montenegro, bienes raíces adquiridos durante la duración del matrimonio, y fideicomisos asociados. La parte demandan

de los miles de millones que él poseía

el trazo tembloroso de una mujer moribunda o sedada. Era una firma fi

está en shock. Está traumatizada por el accidente. No sabe lo que está firmando. Usted se ha aprovechado

e dos horas, certifica que mi clienta está en pleno uso de sus facultades mentales -respondió Dubois con indife

uelta y caminó hac

a de arrogancia de Alexander. Apretó los papeles en su puño y echó

paredes blancas mientras irrumpía por l

un huracán, listo para romper los papeles frente a ella, listo para gritarle qu

ras murieron e

ción esta

de monitoreo estaban apagadas, sus pantallas negras reflejando el rostro pálido y desencajado de Alexander. No había flore

descansaba un único objeto que atr

rados, como si el suelo estuviera hecho de plom

amantes y platino que él le había puesto

hó pasos detrás de él. La enfermera jefe acababa de en

cauteloso pero desprovisto de la deferencia

dónde está mi esposa! -bramó Alexander, acortando

roche de alguien que sabía exactamente qué tipo de hombre e

aslado aeromédico vino por ella. Firmó todos los descargos de responsabilidad. Se ha marchado del hospital, señor Montenegro. Y de

Es mi esposa! ¡Est

con una firmeza helada-. Si me disculpa, tenemos qu

r se que

anillo de bodas abandonado en su mano derecha. Se acercó a la ventana y miró hacia la ciudad, buscando i

dinero era un vínculo. Renunciar a todo era su forma de decirle qu

ción vacía, Alexander sintió que apenas comenzaba a asfixiarse. Clara se había evaporado como el hum

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