img Dianco. El Nacimiento del Alfa de Hielo.  /  Capítulo 8 Entre Copas y Confesiones. | 17.39%
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Historia

Capítulo 8 Entre Copas y Confesiones.

Palabras:1275    |    Actualizado en: 05/06/2026

a vez, señor -murmuró ell

obre los informes técnicos del rey Filippo. Yo

se en el sofá de cuero y observándola con una fij

ue piensas cuando no est

ponente del alfa. Tenerlo tan cerca, escuchando

ar. «¿Qué mujer no caería ante él?», pensó ella. «Es bello, poderoso y ti

pondió finalmente, recob

iocho. Nunca me he casado; mi vida ha sido, por elección o destino, el serv

us ojos brillaron con una mezcla

sonrió con una picardía que

bres de este continente deben estar ciego

Me avergüenza admitir que nunca me

ompió la pesada tensión acumulada del día. El vino había

za -bromeó ella con una valentía repentina, logrando que Dianco rier

ada. Safari habló de sus anécdotas de infancia y

ino y Dianco, con un gesto

de Dianco de silenciar el ruido de su alma atormenta

tando el espacio hasta que pudo sentir el calor que eman

nida, un tanteo suave de labios, pero que

ndo la suavidad de su piel como un

ndose de las vestiduras con manos ávidas, sin decir una sola palabra, dej

cho, el encuentro se tor

desesperadamente un ancla en medio de la tormenta, p

de su cuello hasta la suavidad de sus caderas, como si estuvie

aricia con una entrega que nacía de años de admiración sile

inas dorsales. Dianco se perdió en ella, buscando en su calor el o

herido; cada caricia de ella le recordaba que s

estigo de tantas decisiones de estado, transformando un lugar

mirándolo a los ojos mientras él segu

ostraba en la intimidad la dejaron sin aliento. Vio en él al r

mental volvió a golpear la mente de Dianc

a conexión con un muro de acero infranqueable, negándose a permitir que esa s

to de gratitud silenciosa, y se levantó pa

ianco salió envuelto en

revuelto y la mirada brillante por la satisfacción, le tendió la mano y

zura que le vibró en el pecho, guiándola

jo el agua, Dianco se s

, el recuerdo de Aurora volvió a cruzar su

, luciendo una bata de repuesto y con la piel radiante y sonrosada por el vapor, el

, y se acercó a ella. La rodeó con sus brazos po

d deliberada que buscaba prolongar la noche

er la bata de ella una vez más. El fuego volvió a encenderse en

había la urgencia del hambre inicia

u piel oscura contra sus sábanas y la

e de piel y deseo, buscando en ella no solo placer, sino el olv

ontacto, cada suspiro y cada roce, hasta que sus cuerp

ilencio volvió a reinar, Dianco le dio un beso final en la

un día largo y el Consejo no p

u habitación, caminando con u

cho, sintiendo todavía el calor del Alfa en su cuerpo y el aroma de su piel

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