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Historia
El matrimonio fue impuesto, el amor es a voluntad.

El matrimonio fue impuesto, el amor es a voluntad.

Autor: MAINUMBY
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Capítulo 1 Puede costar caro

Palabras:1970    |    Actualizado en: 03/06/2026

drid. Catalina Cruz sostenía su carpeta contra el pecho mientras caminaba a paso ligero hacia el aula 304. Era la prim

anales altos, iluminando los corredores con un resplandor dorado. Catalina siempre

rior. Le gustaba aprender, le gustaba esforzarse. Quizás por eso, Sofia -su mejor amiga y esposa de Naven Fort- siempre decía que Catalina t

es llenaba el aula cuando, de

io cayó de

sta... y su corazón se

el

aparecer por las mañanas; todos sabían que su presencia se reservaba para las clases ej

no y una expresión tan serena como distante. Caminó hacia el escritorio con

a que casi parecía medir cada palabra-. El profesor Morales

s eventos familiares. Ella y Axel eran padrinos de los hijos de Naven y Sofía; coincidían en cumpleaños o reuni

embargo, sus mira

da. Su mirada era fría, penetrante, como si pudiera leer pensamientos ajenos. No era igual que la de Naven,

un gesto educado. Él respondió con una inclinación mí

rporativo -anunció mientras encendía el proyector-. Esper

e terciopelo sobre hielo. Firme, e

aba extraño. Axel siempre había sido para ella una figura lejana, inalcanzable, casi inaccesible en su p

arrogante, Axel sabía enseñar. Su inteligencia era indiscutible, y su manera

ina se dirigió al pasillo con sus compañera

chica rubia, suspirando abiertamente-. Axel Fort

espondió otra, riendo-. Mi prima trabaja en el hotel For

or-. Dicen que si él te mira, es imposible resistirte. Yo da

ada, sintiendo una pu

Axel era atractivo, con su porte seguro y esa elegancia natural que parecía innata en los Fort. Pero pensar e

profesores. Sonreía de lado, apenas, con esa sonrisa discreta y

apartar la mirada, definitivame

seriedad que flotaba en el aire tras la clase, el peso de aquella presencia que nadie se atrevía a desa

por los pasillos de la universidad intentando no pensar demasiado

ustituyendo a un

una mirada que par

os árboles de tonos dorados, y una brisa ligera revolvía los mechones sueltos de su cabello

as dos veces antes de que la vo

saba en ti. ¿Cómo

lina con una ligera sonrisa mientras caminaba hacia la parada del au

l otro lado de la línea,

? ¿En t

-. Fue una sorpresa. No suele

n los madrugones. Pero imagino que, si aceptó sustituir al docente, es porque Na

ió, aunque Sofí

do a mandar. Todo el aula se

riendo suavemente-. Siempre fue así: serio, rese

de hombros mientras

s. En realidad, apenas coincidimos en los cump

do -comentó Sofía con tono insinuante-. Y habland

alina con educación, si

un poco la voz, como si compartiera un secreto-.

hacia el horizo

ores sobre su fama

d? -preguntó Sofía, entr

rt no es asunto mío. Además, los rumores tienden a ser... exagerados.

oltó una

Te aseguro que, si lo conocieras un poco más, entenderías por

a sonrió

en encuentra encanto

-replicó Sof

o al hombro, mirando las hoj

a a su alrededor. Porque aparentemente tu cuñado desp

guardó silencio por un instante

terrible como parece. Solo ti

queó una cej

icado o

en la universidad las chicas empiezan a hablar demasiado de él, no te dejes llevar por lo que

iró al suel

universidad, nada más. Nunca habrá una oportunidad más que no sea de respeto por las cri

icó su amiga con tono ligero-.

de despedirse. Catalina guardó

samientos. Madrid se movía con su ritmo habitual: coches, peatones, luces, conver

parecía de nuevo. Su manera de observar, tan precisa, tan poco emoc

so resultaba

r eso impo

os hombres inaccesibles. Pero Catalina prefería mantener los pies sobre la tierra. Había visto a

té. El aroma cálido llenó la cocina mientras se asomaba al balcón. Desde allí podí

ecir de todo el mundo. Pensó también en Axel, en cómo su sol

ogió de

aba. No de

onal que dependía de su esfuerzo, y ninguna intención de dejar que la

en cruzó su mente sin aviso: la mirada de Axel esa mañana, fija

los ojos, sin da

na impresió

da

en las calles húmedas, reflejándose en los escaparates y los autos que pasaban. En una esquina del barr

la corbata ligeramente aflojada. Frente a él, un vaso de whisky reposaba a medio llenar. No era

ometido

podía cos

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