r aire. Desde allí, Madrid parecía un océano de luces y murmullos lejanos
a su mesa, irritado
a, ni las mujeres que lo ro
difusa en medio de la pista..
ba a punto de cruzarse con ella
subir, el ambiente
vaba, convencida de que esa no
nar que el hombre que siempre había despreciado por
d segu
os esperaba dentro de aque
se había vuelto más densa,
l frío de la noche le había despejado un poco la mente, pero la risa d
o rubor que no venía del maquillaje. Quizás era el vino bl
d, al compás de una canción que ha
mo si la eligiera, y cada movimiento, cada
sentado, aparentemente imperturb
Daniel, un amigo cercano y un par de empresarios, pero la imagen d
r qué. No qu
giro de luces y ris
í es
ndo no existiera, con una gracia
contorno de sus piernas, y su cabello, algo suelto ya por
el vaso sob
curiosidad y dominio,
salón; la gente se apartaba a su pas
nte cerca, una corrient
por qué
que tenía qu
lo, la tomó
dad, sorprendida, su respirac
e abrieron,
ó, su voz carg
quedó
siquiera respiró. No pod
a mujer tranquila, reservada, casi i
e no tenía nad
urecieron, intentando
í? -preguntó con un tono
ó el ceño y se s
pasa? ¿E
la observó, su mirada frí
mpujó ligerame
nta, Axel. ¿Qué crees q
ambos se volvió
o, él con una mezcla de ir
do a que una mujer le
stumbrado a pe
un paso
las manos encima -dijo
ltó una risa
agarres como si
sabía si quería gritarle o reí
o interés en ti. Solo me pareció...
que tú eres el guardián moral de Madrid, ¿verdad? Un
trecerró
ado con lo
jo, casi un susurro desafiante-. ¿O porque crees que tus t
que siguió pa
instante, algo en su mirada cambió. N
qué esas palabr
é ella lograba prov
Un ritmo más lento, más ínti
lvió a tomarla del brazo, esta vez con me
así -murmuró, inclinán
spondió con el mismo tono desafiante-. No
s, y entonces la tomó de la b
, Catalina -susurró,
ó directamen
de miedo-. No tengo tiempo para tus jueg
eó con la fuerza
le habl
lo de
ua -dijo él, conteniendo la f
callar como haces con tod
aso atrás, res
jo, intentando volver
no p
encajaba en ningun
ba más de lo que
archarse, pero él vo
terminad
respondió ella
do moviéndose con la misma eleganci
día cr
frente a todos, lo había mirad
go en su interior que
por el cabello, in
con una sonrisa apenas contenida, sin c
bien: Catalina Cruz había logr
parecer entr
nto, pensó e
temía -la misma que no escuchaba desd
as son i
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