porativo de Damián. Miranda permanecía recostada sobre la camilla de exploración, con la mirada fija en el techo blanco y las manos aferradas a los bordes del colchón. La gelatina condu
transductor de ultrasonido con una precisión quirúrgica. En una esquina de la habitación, de pie y con los brazos cruzados sobre su impecable traje oscuro, se encontraba Damiá
ilencio sepulcral mientras ajustaba los controles del monitor de alta definición-. El tratamiento hormon
a, ese momento representaba el inicio formal de una cuenta regresiva de nueve meses, un sacrificio silencioso para mantener a flote a los
as y sus dedos comenzaron a moverse a gran velocidad sobre el teclado del ecógrafo. Volvió a pasar el transductor una
viéndose denso y alarmante. Miranda si
penas superior a un susurro, el temor filtrándose por
gris tormenta fijos en el monitor y luego en el mé
? -exigió Damián, su tono barítono des
a con el dedo tembloroso-. Mire aquí. Este es el primer saco gestacional, con un embrión perfectamente desarrollado y un latido cardíaco fuert
ente sobre los codos, con los ojos desorbitados, mirando la
sintiendo un mareo repenti
erior. Son tres -confirmó el doctor Harrison, girándose hacia Damián con una mezcla de asombro y sumisión-. El tratamiento de fer
nación especificaba la entrega de un heredero, una sola alma a la que tendría que renunciar. Pero tres... la magnitud del impacto emocional y físico la golpeó con
a. Para un magnate de su calibre, tres hijos no significaban un milagro de la vida; significaban la consolidación absoluta de su dinastía, tres pilares biológicos para asegur
preguntó Damián, ignorando por comple
riesgo de parto prematuro, preeclampsia y complicaciones en el desarrollo es elevado. Requiere un monitoreo de veinticuatro horas, una dieta extremadamente con
able. Se giró hacia Miranda, mirándola desde su imponente altura. No había una pizca de compasión e
o inquebrantable-. El contrato original se mantiene en sus cláusulas legales de renuncia, pero las medidas de seguri
mpiándose la gelatina del vientre con un pañuel
mirada-. Tengo una familia, tengo asuntos que resolver. El acuerdo de
el espacio físico y aumentando la presión psicológica-. Su cuerpo es el santuario de la dinastía Vance durante los próximos meses.
gado, quien esperaba afuera y entr
de la ciudad. El personal de seguridad confiscará su teléfono, su computadora y cualquier medio de comunicación. Nadie entra, nadie sale, y n
se en sus ojos-. ¡Soy un ser humano, Damián! ¡Firmé un papel, no vendí mi alma ni mi libe
orio, dándole la espalda a medias. Su perfil se recorta
oro, si lo prefiere. Tendrá todo lo que el dinero pueda comprar: la mejor comida, los mejores cuidados médicos, el mayor lujo imaginable. Pero su libertad está suspendida hasta el día del parto. Cump
io, sus pasos firmes resonando en el pasillo exterior
scalofrío que le recorrió la espina dorsal. Estaba atrapada. El milagro de los trillizos se había convertido en su sentencia de reclusión. Aislada del mundo, sin voz, sin aliados y bajo la sombra implacable de un hombre de hielo, Mir

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