se aferraba a las sábanas de seda blanca con los nudillos rígidos, el rostro empapado en sudor y los ojos fijos en el reloj de pared. Apenas entraba en la semana treinta y dos de gest
rrió el vientre como una descarga de fuego líquido. Miranda ahogó un
or el dolor físico y el pánico que la atenazaba-.
rúrgico y monitores de soporte vital. Al ver el monitor de frecuencia cardíaca de los bebés, el semblante del médico se tornó mortalmente serio.
inó Harrison con voz cortante, mientras le colocaba el estetoscopio en el vientre-. Hay un desprendimiento prematuro de plac
resbalando por sus sienes mientras la pasaban a una c
alma -respondió él con una frialdad profesional que, e
a, la figura imponente de Damián Vance ya estaba allí, vistiendo ropa quirúrgica estéril sobre su traje de diseñador. Sus ojos grises, fijos en
toridad que acalló el pitido de las máquinas-. Aseg
mientras los enfermeros la posicionaban en la mesa de operaciones
e duda, antes de que su máscara de hielo se asentara de nuevo. No se acercó a ella, ni tomó su mano. Permaneció en la
or. Proceda con la ane
, sintiendo que el pánico le oprimía el pecho-.
z. Es necesario estabilizarla -dijo la anestesióloga, inyectando un líq
pero con él, también se fue su control sobre la realidad. Los sonidos del quirófano comenzaron a distorsionarse, volviéndose eco en una cuevafuerte presión en el abdomen superior. Escuchó un llan
gramos. Estable -anunció la voz
uida de un llanto un poco más débil
ta dificultad respiratoria leve, preparen la i
menazaba con sumergirla en la inconsciencia total. Quería verlos, quería estirar los brazos, pero sus músculos n
cos en el monitor se detuvo en una línea continua y un zumbido agudo inundó el espacio. Mivoz de Damián Vance cortó el aire
la anestesióloga, un tono que a Miranda le sonó extrañamente e
r neonatal -ordenó Harrison, pero sus movimientos carecían
atalla final. Su mente comenzó a hundirse en un abismo oscuro. Lo último que registró su conciencia adormecida fue la silueta de Damián Van
era punzante, pero no se comparaba con el vacío gélido que sentía en el pecho. Se incorporó con dificultad, ahogando un gemido de dolor, y miró a
en las manos. Detrás de él, Damián Vance permanecía en el umbral, con las manos metidas
z ronca y temblorosa-. ¿Dónde están mis
o, suspirando con una falsa pesadumbre que
es. Debido a su condición de prematuros, ya han sido trasladados bajo estricta custodia médica a la unidad de cuidados intensi
as agolpándose en sus ojos mientras un presentimiento te
la mirada haci
o de placenta antes de que lográramos extraerlo. Hicimos todo lo posible en el quirófano, aplicamos
frías paredes de la habitación. Se llevó las manos a la cabeza, meciéndose descontroladamente, mientras el dolor de la pérdida la destrozaba
Para él, la transacción había concluido. Dos herederos varones estaban a salvo bajo su nombre; la p
edio del llanto de la mujer-. Su compensación final ya ha sido depositada. Las enfermeras la ayudarán con s
ás profundo, sin imaginar que en las sombras de ese mismo hospital, la red de men

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