da que desafiaba la arquitectura tradicional de las manadas lunares. Donde las otras casas se integraban al bosque, la ma
obre las alfombras de piel de lobo, y los sirvientes que se cruzaban con ella bajaban la mirada al instante. No era miedo lo que sentían hacia ella. Era algo más profund
l mismo cabello rubio recogido con precisión, los mismos ojos verdes que evaluaban el mundo como un tablero
de -dijo, s
ento frente a su madre-. Su maldición está empeoran
ue en cualquier otra persona habría parecid
cómo t
mo camino que su abuelo, su utilidad política tendrá un límite. Ne
o te cases con Kaelan por amor. Te casas con él por su nombre, su territorio,
. Su madre nunca había sido cariñosa, pero tampoco era cruel. Era práctica. Enseñaba a su hija a sobrevivir
que ningún vínculo interfiera con nuestros planes. Pero he escuchado algo interesante. La curandera omega
ne la miró c
rsonas insignificantes son peligrosas cuando nadie las vigila. No subestimes a nadie, B
ior desestimaba la amenaza. Una omega sin linaje no pod
a perfeccionado durante años de política y manipulació
cumentaban la historia de los linajes lunares. Pasó horas revisando archivos sobre el Ritual de la
o texto escrito por una curan
rechazo público destruye la conexión, dejando una marca en la parte rechazada. La marca
No era una so
de que Kaelan te rechace. Y cuando eso ocurra, tu marca s
golpe seco. El plan co
as de flores lunares, que solo florecen bajo la luz plateada y se marchitan al amanecer. Las cabañas de los omegas fueron li
ena a todo aquel movimiento. Para los omegas, la vida continuaba igual. Ellos no decoraban
ciana omega, arreglando su cabello canoso con dedos tembloro
ra, con una urgencia que no encajaba con su carácter habitual. Algo estaba pasan
o. Nadia se vistió con su túnica más limpia, una prenda de lino gris que había lavado tres veces
dea. Pasar d
stido con su uniforme de guardia. Su rostro estab
tás
go otra
a manada. El edificio era circular, sin techo, abierto al cielo para que la luz de la luna pudiera ba
es más cercanos al altar. Los betas se situaban en círculos intermedios, y l
rte -le dijo Darian ant
a de plata bruñida llena de agua de luna. Alrededor del altar, las runas brillaban co
icen que el ritual va a revelar vínculos nuevos. Que los
historias -respondió N
a salir de la tierra misma. Los ancianos de la manada entonaron las
orría el cuerpo de todos los presentes. Las runas brillaron con más intensidad, el a
lor extraño en la
susurró su
Trató de ignorarlo, de concentrarse en la ceremonia, pero el dolor era cada vez
es, todo
e golpe. Un silencio absoluto, tan denso que ca
Bloodfa
las rodillas de los más débiles. Su loba interior, ese susurro insignificante que siempre llevaba
a capa negra que ondeaba con el viento, y su cabello oscuro caía sobre sus hombros como una cascada
nce el rit
sino porque su cuerpo no le obedecía. La marca en su clavícula ardía c
No se detuvo en ella. No había razón para que lo hiciera. Era
asaron por su ubicación, Nadia
gundo. Un
n tanta intensida
os ojos dorados del Alfa parpadearon, su mandíbula se tensó,
bo en su mente. L
ba pasando. No entendía por qué una omega insignificante provocaba semejante reacción en su bestia.
és, s
ada hubie
podía oír el canto de los ancianos. Darian la observaba desde su p
an, aunque ella no podía
tendía la intensidad de aquella sensac
nterior habí
berlo, acababa de notar su
observaba la escena con sus ojos verdes,
e nadie la escuchara-. La cur
una máscara de elegancia. El juego había c
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