img El Lazo de la Luna Negra  /  Capítulo 2 LA CASA SHADOW Y EL RITUAL | 1.00%
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Historia

Capítulo 2 LA CASA SHADOW Y EL RITUAL

Palabras:1769    |    Actualizado en: 06/09/2026

da que desafiaba la arquitectura tradicional de las manadas lunares. Donde las otras casas se integraban al bosque, la ma

obre las alfombras de piel de lobo, y los sirvientes que se cruzaban con ella bajaban la mirada al instante. No era miedo lo que sentían hacia ella. Era algo más profund

l mismo cabello rubio recogido con precisión, los mismos ojos verdes que evaluaban el mundo como un tablero

de -dijo, s

ento frente a su madre-. Su maldición está empeoran

ue en cualquier otra persona habría parecid

cómo t

mo camino que su abuelo, su utilidad política tendrá un límite. Ne

o te cases con Kaelan por amor. Te casas con él por su nombre, su territorio,

. Su madre nunca había sido cariñosa, pero tampoco era cruel. Era práctica. Enseñaba a su hija a sobrevivir

que ningún vínculo interfiera con nuestros planes. Pero he escuchado algo interesante. La curandera omega

ne la miró c

rsonas insignificantes son peligrosas cuando nadie las vigila. No subestimes a nadie, B

ior desestimaba la amenaza. Una omega sin linaje no pod

a perfeccionado durante años de política y manipulació

cumentaban la historia de los linajes lunares. Pasó horas revisando archivos sobre el Ritual de la

o texto escrito por una curan

rechazo público destruye la conexión, dejando una marca en la parte rechazada. La marca

No era una so

de que Kaelan te rechace. Y cuando eso ocurra, tu marca s

golpe seco. El plan co

as de flores lunares, que solo florecen bajo la luz plateada y se marchitan al amanecer. Las cabañas de los omegas fueron li

ena a todo aquel movimiento. Para los omegas, la vida continuaba igual. Ellos no decoraban

ciana omega, arreglando su cabello canoso con dedos tembloro

ra, con una urgencia que no encajaba con su carácter habitual. Algo estaba pasan

o. Nadia se vistió con su túnica más limpia, una prenda de lino gris que había lavado tres veces

dea. Pasar d

stido con su uniforme de guardia. Su rostro estab

tás

go otra

a manada. El edificio era circular, sin techo, abierto al cielo para que la luz de la luna pudiera ba

es más cercanos al altar. Los betas se situaban en círculos intermedios, y l

rte -le dijo Darian ant

a de plata bruñida llena de agua de luna. Alrededor del altar, las runas brillaban co

icen que el ritual va a revelar vínculos nuevos. Que los

historias -respondió N

a salir de la tierra misma. Los ancianos de la manada entonaron las

orría el cuerpo de todos los presentes. Las runas brillaron con más intensidad, el a

lor extraño en la

susurró su

Trató de ignorarlo, de concentrarse en la ceremonia, pero el dolor era cada vez

es, todo

e golpe. Un silencio absoluto, tan denso que ca

Bloodfa

las rodillas de los más débiles. Su loba interior, ese susurro insignificante que siempre llevaba

a capa negra que ondeaba con el viento, y su cabello oscuro caía sobre sus hombros como una cascada

nce el rit

sino porque su cuerpo no le obedecía. La marca en su clavícula ardía c

No se detuvo en ella. No había razón para que lo hiciera. Era

asaron por su ubicación, Nadia

gundo. Un

n tanta intensida

os ojos dorados del Alfa parpadearon, su mandíbula se tensó,

bo en su mente. L

ba pasando. No entendía por qué una omega insignificante provocaba semejante reacción en su bestia.

és, s

ada hubie

podía oír el canto de los ancianos. Darian la observaba desde su p

an, aunque ella no podía

tendía la intensidad de aquella sensac

nterior habí

berlo, acababa de notar su

observaba la escena con sus ojos verdes,

e nadie la escuchara-. La cur

una máscara de elegancia. El juego había c

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