rticipantes se movían con precisión milenaria, cada paso coreografiado por generaciones de lobos que habían honrado a Aelynne en aquel mismo santuario. El círculo era ampli
ado Eldrin que llevaba sesenta años sirviendo al templo-.
uería sobrevivir a aquella noche y volver a su cabaña. Pero obede
zó la línea de ceniza
tero se estremeció, y la marca en su clavícula explotó con un calor que casi la hizo caer de r
bestias interiores reaccionando a la magia antigua. Los betas, más controlados, mantenían sus posiciones con estoicis
instruyó Eldrin-. Sientan
na llena parecía atravesar sus párpados, bañando su interio
s, el dol
o barreras que no sabía que existían. Abrió los ojos con esfuerzo, y vio que una lín
ratando de cubr
e la mayoría de los participantes estaban conc
ri
o, y sus ojos estaban fijos en la marca de Nadia como si hubiera visto un fantasma. Sus manos tembl
o? -se preguntó N
u mirada decía todo lo que sus l
l. Nadia sintió que el calor se intensificaba hasta ser insoportable, y
zó, como una marca permanente qu
mento, algo
rculo, Kaelan Blood
podía ignorar. Su bestia interior, la criatura salvaje que siempre llevaba dentro, se despertó de gol
caer. Sus ojos, ya dorados por la cercanía de su best
murmuró, sin que
viera jalando desde el interior de su pecho, como si
n su visión, sus voces un murmullo lejano. Solo podía concentrarse en aque
es, la e
ria del círculo, entre los omegas. Su rostro estaba pálido, y una líne
do se
ue el viento dejaba de soplar. Solo existía ella. Solo existía aquella pre
arras extendidas, todos sus sentidos enfocados en aquell
n vín
de ser
a elegido. La luna los había unido. Y su bestia interior, esa criatura salvaje q
dia sintió el impac
azón aceleró, y una ola de calor recorrió su cuerpo entero. Era como si alguie
o pudo termi
una sensación de plenitud, de conexión, de pertenencia. Algo en su i
, los ojos dorados de Kael
dirige a una omega insignificante. Fue una mirada que atravesaba capas d
ronunció
ilencio absoluto del santuario,
Todas las miradas siguieron la direcció
a? -susur
curan
a F
n, algunas con incredulidad, otras con desprecio, unas pocas con curiosidad malsana. Y
ia podía sentir el corazón de Kaelan, su ritmo acelerado, su confusión. Podía percibi
ién sentí
oz temblorosa por la emoción-. Un vínc
a cabeza, retroc
-. No puede
rin, como si su negativa no existie
abras volaban como moscas en verano, ca
El Alfa. E
puede s
La luna no elige a o
lla no sea...
e los presentes se volvieron más afilados, más calculadores. Ya no la veían como
tó la mirada, y el vín
-anunció, su voz fría
Nadia. Algunos la observaban con odio apenas disimul
rarse. Su rostro estaba pálido y sudoroso, y sus manos aga
reguntó, su voz
ó, confundid
so? ¿Qué es
rostro en el cabello de ella. C
vía. Pero tienes que confiar
lla, sintiendo que las lágrimas
l, apretándola contra
cio, dejando tras de sí un rastro de rumores q
_____________
abitación como un animal enjaulado. Su bestia interior rugía con más fuerza que n
golpeando la pa
no se callaba.
egancia habitual. Su rostro era una máscara de serenidad, pero sus
asó ahí fuera? -preguntó, ce
detuvo, en
La luna. T
como si fuera tu compañera pre
S
uebrajó. Kaelan vio furia en sus ojos, pero solo po
lo es real. La lun
ce qu
lculados. Su mano se posó sobre su pecho, y sus d
linaje. Sin poder. Sin posición. ¿Cómo vas a presentarla a los consejos? ¿Cómo vas a expl
tó con un movi
El ritual me eligió a ella, pe
sonrisa que no ll
s públicamente, el vínculo se romperá. La ma
ntó Kaelan-. ¿Qué pasa si rec
ogió los
sufra. Pero los lobos han sobrevivido a cosas peor
Nadia sería un golpe para su autoridad. Las familias nobles, los Shadow incluidos, no aceptarían u
ible que lo conectaba a ella. No era amor. Era algo más primi
ón ahora -dijo finalm
ojos prometían que no i
ianzas que mantengas. Y los Shadow no olvidan. Si eliges a la omega, perd
dejando a Kaelan solo
siguiera. Pero Kaelan se negó a obedecer. Se sentó en
guntó-. ¿Qué se sup
su interior, recordándole que la omega de la per
ación, Nadia tambié
n Alfa que no conocía y que probablemente no quería conocerla. Podía sentir su agitac
al techo-. ¿Por qué l
na estrella caída en su piel. Nadia la tocó con dedo
adia? -se pregu
leza, Kaelan sintió su confusión, su miedo, y un ref
los habí
s sabían lo que
observaba la escena con sus ojos verdes,
e nadie la escuchara-. La cur
una máscara de elegancia. El juego había c
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