img Una gordita en apuros  /  Capítulo 2 Un día más en mi desastrosa vida | 3.70%
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Historia

Capítulo 2 Un día más en mi desastrosa vida

Palabras:1211    |    Actualizado en: 10/09/2022

s de que viera la hora y me diera cuenta de que el despertador jamás sonó. Tras el susto, y en

mi esp

ás mullida de mi cuerpo..., las nalgas. Habría pasado unos mi

aba detrás de la puerta y por el

quilo, so

», pero eso no lo dije, ya sabía que er

nto con él y Virginia. Eran mis dos mej

os una mirada. Fue el primer hombre por el que mi corazón, nada más verlo, se enloquecía como si cor

odría reconocer que era guapo. ¿A quién engaño? Siempre fue el espécimen masculino más hermoso en todo

oscuros, iban a juego con unas facciones perfectas. Tenía un rostro simétrico al igual que el rest

mor de su vida. Era capaz de enamorarse en una sola noche y perder el amor al día siguiente. A veces quisiera ser com

cada visita que hago, mi madre se empeña en darme de comer lechuga como si fuera conejo.

, pero con el que mejor

aunque nunca se lo dije para no estropear nuestra bonita amistad.

reinta aún no habíamos encontrado a una persona que nos quisiera, él y yo nos casaríamos. H

! Estaba pletórica. No por verlo sufrir, sino porque volvía a ser libre y, si aguantaba así has

ra y de rodillas, salí de la habitación y corrí a toda prisa po

sa, debo ducharme o llegaré

verás nada q

aba llena, así que junté las piernas y me adentré

e lo hago

el agua que había en el suelo. Para no romperme la cara me sujeté de lo más próximo que encontré. Para mi desgracia, lo más cercano fue su toalla. Aquel odioso trapo que cubría esa maravilla de cuerpo cayó y lo dejó como

bajo presupuesto, acabó por convertirse en un capí

y se debatía entre a

te encuen

te estaba obnubilada por el trastazo en la fr

e un tonto golpe.

te roja y las mejillas incluso más,

isto a un hombre desnudo. -Comenzó a reírse,

l motivo de su hilaridad, yo dese

Iracunda lo empujé para

tiene buena pinta -aconsejó a la vez que me robab

ecordar el motivo de aque

egaré tarde

a crema para peinar, coloqué un poco en la mano libre y la extendí a lo largo del cabello. La dejé hacer su trabajo y me enjuagué el rostro. Cuando por fin mi visión qu

a crema que esparcí tan bien sobre mis greñas, no e

omenzar mejo

a verdad, ¡qué más daba! Nunca se daban la vuelta para mirarme, nadie se fijaba en

nté escapar de la casa, pero choqué con Bruno que no me quitaba el ojo de encima; le

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