Libros y Cuentos de Min Xiaoxi
Lo Adoraba, Azotada por Él
Yo era solo una estudiante de historia del arte de veinte años en el Tec de Monterrey, haciendo prácticas en la constructora de mi papá. Pero en secreto, mi mundo giraba en torno a Alejandro de la Vega, el socio brillante y guapísimo de mi padre. Mi amor por él era puro, absorbente, completamente ingenuo. Él siempre había sido tan amable, un verdadero caballero. En una gala de beneficencia, vi cómo Isabel Rivas, la socia de Alejandro, le ofrecía copas sutilmente. Cuando intenté ayudarlo a llegar a su suite, Isabel nos "encontró". Su jadeo perfectamente sincronizado y el flash discreto de su teléfono sellaron mi destino. A la mañana siguiente, los titulares gritaban: "Sofía Garza, becaria del Tec, captada en situación comprometedora con Alejandro de la Vega". Fotos borrosas y condenatorias las acompañaban. Siguió la llamada helada de Alejandro: "¡Isabel te encontró aprovechándote de mí! ¡Mi reputación está por los suelos por tu berrinche infantil!". Le creyó a ella. Completamente. Los susurros y las miradas hostiles en la oficina de mi padre se volvieron insoportables. El hombre amable que yo había adorado ahora me miraba con absoluto asco. Mis sueños se hicieron añicos. ¿Cómo podía ser tan ciego? ¿Tan cruel? Este no era el Alejandro que yo conocía. Se sentía brutalmente injusto. Esa semana, la chica ingenua que lo idolatraba murió. En su lugar, amaneció una conciencia más fría: el mundo no era amable, la gente no era lo que parecía. Él pensaba que yo estaba jugando, pero yo ya había terminado. Este fue mi punto de inflexión.
Los indeseados, los imparables
Después de diez años en el sistema del DIF, mi familia por fin me encontró. Creí que era un sueño hecho realidad, pero pronto aprendí cuál era mi lugar. Yo era el burro de carga que pagaba por la vida de mi hermana gemela perfecta, Cristina, mientras ella era la niña de oro de la que estaban orgullosos. Lo único bueno que tenía era mi novio, Javier. Entonces, en una fiesta para la que trabajaba en el servicio de banquetes, escuché a mis padres conspirar con los suyos. Estaban arreglando que Javier se casara con Cristina, diciendo que yo traía demasiado equipaje y era mercancía dañada. Minutos después, frente a todos, Javier se arrodilló y le propuso matrimonio a mi hermana. Mientras la multitud vitoreaba, mi celular vibró con un mensaje de texto suyo: "Lo siento. Se acabó". Cuando los confronté en casa, admitieron la verdad. Encontrarme fue un error. Yo solo era una vergüenza que tenían que manejar, y me habían hecho un favor al darle Javier a Cristina. Para silenciarme, mi hermana se arrojó por las escaleras y gritó que yo la había empujado. Mi padre me golpeó y me arrojó a la calle como si fuera basura. Mientras yacía amoratada en la banqueta, mis padres le dijeron a la policía que llegaba que yo era una atacante violenta. Querían borrarme, pero estaban a punto de descubrir que acababan de empezar una guerra.
Pienso En Ti, Solamente En Ti
No había amor en su matrimonio, ya que este no era más que un acuerdo comercial. Al principio, Alina pensó que podría soportarlo, pero ella no sabía cuán grande era la repulsión que Bertram sentía por ella. Su matrimonio era aburrido y lleno de antipatía, y para empeorar las cosas, Bertram mató al bebé que Alina llevaba en su interior. Esa fue la gota que derramó el vaso: igual que el ave fénix, ella se levantó de las cenizas con la intención de hacerle pagar el daño que él le había hecho.
