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Siete días atrás, mi padre anuló mi compromiso con el Alfa Darren para entregárselo a mi hermanastra Charly. Al no tener lobo, me consideraron indigna y me obligaron a casarme con el hermano de Darren, Demetri, un Alfa lisiado y al borde de la muerte. Mi padre me vendió como mercancía dañada para asegurar la alianza y la riqueza de la familia. Charly se acercó a mi oído para burlarse, diciendo que Darren siempre fue suyo y que yo solo pasaría el resto de mi vida custodiando un cadáver podrido por el veneno de plata. En mi vida anterior, el dolor y la humillación de esta traición me llevaron al suicidio. Pero ellos no sabían que, tras morir, mi alma viajó a un mundo interestelar avanzado donde viví toda una vida y me convertí en una cirujana legendaria, antes de despertar nuevamente en este mismo cuerpo. Esta vez, no hubo lágrimas ni súplicas. "Acepto el arreglo por completo", dije con calma, ignorando sus miradas de desconcierto. Antes de subir al carruaje negro que me llevaría a mi exilio, le dejé a mi hermanastra un regalo invisible que arruinaría su pureza en su esperada noche de bodas. Luego, me dirigí a la oscura mansión de mi nuevo esposo. Creían que me enviaban a un cementerio, pero yo estaba a punto de curar al Alfa más letal del reino para usarlo como mi espada y arrastrarlos a todos al infierno.
Lillian despertó en un universo de licántropos como una completa perdedora. La buena noticia era que las mujeres gobernaban y podían tener múltiples compañeros, pero aun así terminó siendo despreciada por todos. Comparada con su talentosa hermana en todo momento, le robaron a su primer compañero y los siguientes cuatro la rechazaron sin piedad. El primer compañero fue el propio Rey de los Súcubos. En su primer encuentro, le advirtió a Lillian que solo se quedaría el tiempo necesario para recuperarse de sus heridas, y que nunca podría haber nada entre ellos. El segundo compañero fue un tritón. Él la miró una sola vez y dijo que no tenía interés en alguien como ella, lanzándole un poco de dinero con desdén para que terminara su vínculo por sí misma. El tercer compañero fue el Creador de los vampiros, con más de mil años de edad. Él admitió que admiraba a su hermana y dejó claro que no tenía interés en alguien tan poco ambiciosa como Lillian. Entonces ella rompió cada vínculo y eligió su propio camino. Pero mientras ascendía cada vez más, esos mismos hombres regresaron, llenos de arrepentimiento y suplicándole que les diera otra oportunidad. El cuarto compañero fue un hombre lobo al que Lillian había rescatado de una pelea clandestina. Ella pensó que tal vez él sí se quedaría, hasta que reveló que era de la realeza. Y, por supuesto, quería deshacer su vínculo con ella para aumentar su poder.
Estaba embarazada de tres meses cuando el auto me atropelló. Tumbada en el suelo, apenas aferrándome a la vida, llamé a mi esposo, el Alfa Ethan, una y otra vez. No me contestó. Cuando por fin desperté del dolor, vi una publicación de su primer amor, Ivy. "Gracias, Alfa. Sabes que me da mucho miedo la oscuridad, así que te quedaste conmigo toda la noche. Incluso despejaste toda tu agenda hoy para llevarme a la subasta, solo para darme el mejor regalo del mundo. ¡Estoy tan feliz!". En ese momento, lo entendí todo. Mientras yo luchaba por proteger a nuestro hijo, él estaba con otra loba. Con calma, le di "me gusta" a su publicación y guardé el celular. Ya que él había elegido a su primer amor, yo decidí dejarlo ir. Dentro de siete días, abandonaría su mundo para siempre, con nuestro hijo.
"Ella es Virella, mi esposa." Tres años. Eso fue todo lo que recibí del Alfa Kaelen. Ni una bienvenida. Ni una caricia. Ni siquiera una mirada de reconocimiento. Solo apareció con otra mujer a su lado embarazada de su hijo. Mientras yo gobernaba en su ausencia, para él no fui más que alguien ocupando un lugar. Una Luna que jamás eligió. Así que dejé de luchar. Y me marché. Bastó un solo rechazo para quebrar nuestro vínculo. Cuando regresé, ya no era la Luna que él había abandonado. Ahora era intocable, respetada y temida. Y ya no tenía derecho a reclamarme. Ahora me mira como si se estuviera ahogando... Porque la mujer que despreció volvió convertida en alguien que ya no podía alcanzar. Y esta vez no regresé sola. El Alfa de Ebonmoon está a mi lado, imponente, con una mano firme en mi cintura... "Ten cuidado, Kaelen", advierte con voz baja y oscura. "Rowena ya no te pertenece." Sus labios rozan mi sien con un gesto posesivo. "Es mía. Y si intentas llevártela, te destruiré."
Desde que Ryan la acogió, Camila había intentado ser razonable y agradable, adaptándose a sus cambios de humor. Él la había criado, pero ella nunca lo vio como pariente; estaba segura de que terminarían juntos. El día que cumplió veinte años, lista para confesar sus sentimientos de nuevo, la mujer que él amaba regresó al país. La joven escuchó a su tío hablando con sus amigos sobre ella: "Camila es solo una niña para mí; nunca podría verla de esa manera. La única persona a la que amo es Olivia". Ella se alejó, y Ryan se derrumbó. Más tarde, en su boda, Camila sonrió radiante en su vestido blanco de novia. Ryan suplicó: "Me arrepiento, Camila. Por favor, no te cases con él". Con calma, ella dijo: "¿Puedes dejarme ir? Mi esposo me está esperando".
Olivia vive un día desastroso: después de descubrir que su novio y su mejor amiga la engañan, termina en la cama de un desconocido. Dos meses después, descubre que está embarazada, pero no quiere al bebé. Justo cuando está a punto de interrumpir el embarazo, el hombre con quien pasó aquella noche reaparece y la obliga a tener al bebé para él. Cuando su hijo es arrebatado de sus manos, Olivia ni imagina que un segundo bebé está por nacer. Dispuesta a todo, luchará para que esta vez no le arrebaten a su hija. Cinco años después, el destino vuelve a cruzar sus caminos, y nada será igual.
Faltaban apenas quince minutos para que cerrara el Registro Civil. Era la novena vez que Amelia esperaba en vano para casarse. El celular sonó, pero no era su prometido, Kayson. Era su asistente, informando con frialdad que la boda se cancelaba porque Kamila, la hermanastra de Amelia, se había torcido el tobillo. Kamila. Siempre era ella. Por su culpa, Amelia había soportado cumpleaños olvidados, aniversarios perdidos y, ahora, el día de su boda destruido. Para empeorar las cosas, al volver a casa, su propia madre le exigió que le pidiera disculpas a Kamila por su "falta de empatía" y por haber "avergonzado" a Kayson con su rabieta. Su familia no la amaba; solo la veían como un peón que debía agachar la cabeza y soportar las humillaciones en silencio. La ironía le oprimía el pecho. Había desperdiciado años esperando a un hombre que siempre corría a los brazos de otra, atada a una familia que la despreciaba abiertamente. ¿Por qué debía seguir siendo la idiota sumisa que siempre perdona y espera? La gigantesca piedra que la asfixiaba por fin se rompió. Amelia le envió un último mensaje a Kayson: "Se acabó", y eliminó su contacto para siempre. Sin dudarlo, salió al frío viento de Nueva York y llamó al mayor enemigo comercial de su ex, el despiadado multimillonario Garrett Thornton. "Señor Thornton, ¿su oferta de matrimonio sigue en pie?" Diez minutos después, un Maybach negro se detuvo frente a ella, y Amelia se casó con el hombre más peligroso de la ciudad.
Di a luz a mis gemelos completamente sola en una ruidosa habitación de hospital compartida. Mientras yo agonizaba por el agotamiento del parto, mi esposo Julian estaba en una fiesta celebrando el éxito de mi hermana adoptiva, Amelia. Cuando lo llamé temblando para decirle que sus hijos habían nacido, solo escuché risas de fondo antes de que me respondiera con frialdad. "Estoy ocupado. Mándale los detalles a mi asistente". Me colgó. Los familiares de las otras pacientes me miraban con lástima y murmuraban a mis espaldas, burlándose de la esposa a la que el gran Julian Sterling iba a dejar en la calle por una actriz. Para darle su lugar a Amelia, Julian me había obligado a firmar un acuerdo de divorcio que me dejaba sin nada, amenazándome con obligarme a abortar si me negaba. Incluso mis padres adoptivos me habían dado la espalda para apoyar a su hija biológica. Me acurruqué en la cama llorando en silencio, sintiendo una humillación y una desesperación asfixiantes. ¿Por qué tenía que sufrir tanto solo por ser adoptada? ¿Cómo podía un padre ser tan cruel y descartar a sus propios hijos como si fueran basura? Justo cuando creía que mi vida estaba acabada, el jefe de obstetricia vio una peculiar marca de nacimiento en mi muñeca. Una prueba de ADN de emergencia reveló lo imposible: yo era la hija perdida de la multimillonaria familia Beaumont. Horas después, mis verdaderos padres y mis tres poderosos hermanos llegaron en un jet privado para protegerme, jurando destruir a quienes me hicieron daño. Con el imperio Beaumont respaldándome, tomé mi celular y le envié un mensaje a Julian. "Mañana a las diez en el ayuntamiento. Es hora de firmar el divorcio".
Un error de laboratorio. Dos traiciones. Y un multimillonario que no cree en los accidentes. Emily Vance pensó que llevaba un milagro en su vientre. Después de que su prometido, Julian, quedara en coma tras un terrible accidente automovilístico, se sometió a una fecundación in vitro para mantener vivo su legado. Se suponía que aquel bebé sería su ancla. Sin embargo, un error clínico revela que el hijo que espera no es de Julian. Es de Alistair Wolfe, un hombre cuyo nombre es sinónimo de poder despiadado y cuyo corazón parece hecho de hielo. Pero la pesadilla no termina en la consulta del médico. Cuando Julian finalmente despierta, no pregunta por Emily, sino por Chloe, la hermanastra de esta. Así sale a la luz una relación secreta que convierte en una burla todos los años de lealtad de Emily. Acorralada por una familia dispuesta a entregarla a un cobrador de deudas sin escrúpulos para salvar su negocio en quiebra, Emily se enfrenta a una decisión devastadora. Los médicos le advierten que esta podría ser su última oportunidad de convertirse en madre. Para conservar a su bebé y escapar del alcance de su familia, tendrá que hacer un trato con el lobo que acecha a su puerta. Alistair Wolfe quiere a su heredero. Emily quiere protección. Sin amor. Sin ataduras. Solo una unión temporal hasta que nazca el bebé. Pero cuando Emily entra en el mundo de Alistair, pronto descubre que fingir ser la esposa de un hombre como él es un juego peligroso en el que el corazón es lo primero que se pierde.
Sinopsis: Amber Brown lo ha perdido todo. Para salvar a su padre de la cárcel y recuperar el legado de su familia, solo tiene una opción: suplicar clemencia al hombre que juró destruirlos. Tyler Black es el CEO más despiadado de la industria. Un hombre sin corazón, de ojos gélidos y una fortuna construida sobre las cenizas de sus enemigos. Él no hace favores, él hace negocios. Y el precio por ayudar a Amber es algo que ella nunca imaginó: su libertad. "Firma aquí, Amber. Un año de matrimonio. Sin sentimientos, sin preguntas y, sobre todo, sin enamorarte de mí". El contrato es claro, pero los secretos de Tyler son oscuros. Mientras Amber intenta sobrevivir en la jaula de oro de un hombre que parece odiarla y desearla con la misma intensidad, una verdad aterradora comienza a salir a la luz: Tyler no la eligió por azar. Él la conoce desde hace mucho tiempo... y este matrimonio no es una salvación, sino una venganza. Cuando el deseo rompa todas las cláusulas y el pasado reclame su deuda, Amber tendrá que decidir: ¿Es Tyler el monstruo que la destruirá, o el único hombre capaz de protegerla del verdadero enemigo que acecha en las sombras? "Me vendí al diablo para salvar a mi familia, pero olvidé que el diablo no acepta devoluciones".
Durante ocho años, Cecilia Moore fue la Luna perfecta: siempre leal y sin marcar. Hasta el día en que encontró a la realidad: su compañero Alfa en su cama con una loba joven y pura. En un mundo dominado por linajes y lazos de apareamiento, Cecilia siempre fue la rara, la que no encajaba del todo. Pero ahora, está harta de jugar según las reglas de los lobos. Sonríe, mientras le entrega a Xavier los informes financieros trimestrales,y bien sujetos al final, están los papeles del divorcio. "¿Estás molesta?" él gruñe. "Lo suficiente como para cometer un locura," responde ella, con Se gesta bajo el mismo techo, pero entre ellos ya no hay hogar, solo una guerra silenciosa. Xavier todavía se cree el Alfa en su hisoria, pero Cecilia ya está harto de seguir. Con cada mirada helada y movimiento calculado, ella se prepara para desaparecer de su mundo, como la compañera que él nunca mereció. Y cuando al fín él comprenda la fortaleza del corazón que rompió... Puede que ya sea demasiado tarde para recuperarlo.
El esposo de Jasmine, Lachlan, estaba exultante en el hospital. Su cuñada, la viuda Seraphina, acababa de dar a luz a un niño perfecto. Pero la alegría ocultaba una traición devastadora: el bebé había sido concebido con el esperma congelado de Lachlan. Toda la prestigiosa familia Carlisle-Beaumont lo había planeado en secreto. "Fue solo un procedimiento clínico para ayudar a una viuda afligida, no hagas un drama", le espetó él con frialdad. Mientras la familia celebraba al nuevo heredero, su suegra la humillaba sin piedad llamándola "gallina estéril". Ignoraban que Jasmine estaba perfectamente sana; Lachlan simplemente la evitaba en la cama. La peor puñalada llegó con una foto anónima: Lachlan y Seraphina abrazados íntimamente en un hotel, mucho antes de que el hermano muriera. Jasmine nunca fue la esposa amada, solo la tapadera conveniente para su romance. Durante tres años, ella ocultó su verdadera identidad como una genio mundial de la ciberseguridad, salvando la empresa de su marido desde las sombras sin pedir nada a cambio. Su devoción fue pagada con desprecio absoluto. La ironía fue que, justo ese mismo día, un médico le confirmó a Jasmine que por fin estaba embarazada. Pero al ver los resultados, no sintió alegría, solo una claridad gélida. Rompió el informe en mil pedazos y lo arrojó a la basura. Con una sonrisa calculadora, manipuló a Lachlan para que le transfiriera un lujoso ático a su nombre; los papeles del divorcio ya estaban en marcha y todos iban a pagar con creces.
Durante tres años, Christina se dedicó totalmente a cuidar su amado, solo para que el hombre en quien confiaba la desechara sin piedad. Para colmo, él trajo a su nueva amante, convirtiéndola en el hazmerreír de la ciudad. Liberada, perfeccionó sus talentos olvidados y dejó a todos boquiabiertos con un éxito tras otro. Cuando su exmarido descubrió que en realidad ella siempre era un tesoro, el remordimiento lo llevó a buscarla de nuevo. "Cariño, volvamos". Con una sonrisa fría, Christina le escupió: "Déjame en paz". En ese momento, un magnate impecablemente vestido la rodeó con su brazo: "Ahora está casada conmigo. ¡Guardias, sáquenlo ahora!".
Todos sabían que Kristine amaba a Colton. Sin embargo, su corazón le pertenecía a una mujer que estaba en el extranjero y pasaba la mayoría de los días con ella. Además ya estaba esperando un hijo suyo. Aun así, Kristine le pidió a él que se casara con ella. Pero el día de la boda, él nunca apareció; su "verdadero amor" había regresado. Siete años de lealtad... Kristine por fin perdió toda esperanza, lo bloqueó y dejó su ciudad. Colton no se inmutó, hasta que vio que ella estaba a punto de casarse con otro hombre; entonces, el ejecutivo tan engreído palideció de un golpe. La persiguió, la desesperación lo dominaba. "Lo siento. Por favor, dame otra oportunidad". Ella respondió bruscamente: "Basta. Ya estoy casada".
"Mi hermana amenaza con quitarme a mi compañero. Y yo dejo que se lo quede." Nacida sin lobo, Seraphina es la vergüenza de su manada, hasta que una noche de borrachera la deja embarazada y casada con Kieran, el despiadado Alfa que nunca la quiso. Pero su matrimonio de una década no fue un cuento de hadas. Durante diez años, soportó la humillación: Sin título de Luna. Sin marca de apareamiento. Solo sábanas frías y miradas más frías aún. Cuando su perfecta hermana regresó, Kieran pidió el divorcio la misma noche. Y su familia estaba feliz de ver su matrimonio roto. Seraphina no luchó, sino que se fue en silencio. Sin embargo, cuando el peligro acechó, verdades asombrosas salieron a la luz: ☽ Esa noche no fue un accidente ☽ Su "defecto" es en realidad un don raro ☽ Y ahora todos los Alfas -incluido su exmarido- pelearán por reclamarla Lástima que ya está cansada de ser poseída. *** El gruñido de Kieran vibró en mis huesos mientras me sujetaba contra la pared. El calor de su cuerpo atravesaba capas de tela. "¿Crees que irte es tan fácil, Seraphina?" Sus dientes rozaron la piel inmaculada de mi garganta. "Tú. Eres. Mía." Una mano ardiente subió por mi muslo. "Nadie más te tocará jamás." "Tuviste diez años para reclamarme, Alfa." Mostré los dientes en una sonrisa. "Es curioso cómo solo recuerdas que soy tuya... cuando me estoy yendo."
Él la dejó tirada en la calle. Su cuñado la recogió y la convirtió en su esposa. El día en que su ex, Mark, se casó con la adinerada socialité Bella, a Elena la echaron a la calle sin nada más que la ropa que llevaba puesta: humillada, destrozada y completamente sola. Hasta que apareció Eric Thompson. El hermano mayor de Bella. El poderoso cuñado de Mark. Y el Alfa más temido de la ciudad. Él le tendió la mano cuando nadie más lo hizo. Luego, le propuso un trato. Un matrimonio solo de nombre. Un escudo contra su pasado. Una oportunidad para reconstruir su vida. Elena aceptó, esperando un frío acuerdo entre desconocidos. Pero a puerta cerrada, el control que Eric mantenía con tanto esmero se desmoronó… y el de ella también. La química entre ellos era explosiva, sus noches, intensas, y los límites entre lo profesional y lo personal se difuminaron hasta quedar irreconocibles. Era el hombre al que nunca podría tener. Y el único al que no podía resistirse. Pero cuando Mark se dio cuenta de lo que realmente había perdido, y Bella descubrió el secreto que se escondía tras la novia de su hermano, Elena tuvo que decidir. ¿Era esto solo un contrato? ¿O era el amor por el que siempre había estado destinada a luchar?
Durante tres años, Allison interpretó el papel de la perfecta Primera Dama en un matrimonio que nunca le devolvió el amor. Nolan le entregó los papeles del divorcio, burlándose de sus orígenes mientras su madre la menospreciaba por no poder tener hijos y su amante embarazada reclamaba su lugar. Así que Allison se fue. El mismo día que dejó a su esposo, su familia la reclamó como una princesa perdida. Corona, fortuna, poder, tres hermanos imponentes y un consorte real elegido a dedo ahora estaban a su lado. Su hermano mayor, el traficante de armas más temido del mundo, deslizó una tarjeta negra sobre la mesa y le dijo: "Adelante. Gasta a tu antojo". Su segundo hermano, el médico genio, giraba un bisturí entre sus dedos, mientras decía: "Dime, hermanita. ¿Cuántos cortes merecen los que te hicieron daño?". Su tercer hermano, una superestrella mundial de las artes marciales, irrumpió en el refugio de su exmarido. "¿Quién hizo llorar a mi hermana? Es hora de pagar las consecuencias". Cuando su arrepentido ex suplicó por otra oportunidad, Allison solo sonrió. Era demasiado tarde. Ya no era su esposa. Era su peor error.