Durante sus tres años de matrimonio, Jessica había intentado en repetidas ocasiones avivar la llama del romance con Mateo Hopkins, su esposo, pero él siempre la rechazaba con todo tipo de excusas.
Entonces, inesperadamente, dos horas antes, Jessica había recibido un mensaje de texto anónimo. Contenía una foto de Mateo desnudo sobre una cama enorme.
En la foto, él apoyaba la cabeza sobre unas medias negras desgarradas y un brasier, y su cuello estaba manchado con marcas de labial. Parecía estar profundamente dormido, con los ojos cerrados.
La imagen la dejó paralizada. Quiso llamar a Mateo de inmediato para pedirle una explicación, pero su teléfono estaba apagado. ¿Amor y lealtad? Todo parecía una broma de mal gusto.
Borracha y apoyada en la barra, el alcohol le había enrojecido sus delicados rasgos, y su cabello ondulado caía suelto sobre sus hombros.
Aunque al principio de su matrimonio Jessica se había mostrado reticente a la intimidad, después de tres años era una mujer adulta que convivía a diario con el hombre que amaba. Era natural que sintiera deseo. Y sobre todo hoy, descubrir la traición de su esposo despertó inesperadamente una profunda lujuria en su interior.
Tambaleándose, Jessica se dirigió al baño a mojarse la cara, pero casi se cayó en las escaleras. Afortunadamente, alguien la sujetó justo a tiempo para evitar que cayera.
Una voz grave y madura la calmó: "Cuidado".
Con los ojos llenos de lágrimas, Jessica alzó la vista hacia el hombre. Tenía unos rasgos nobles y atractivos, y unos ojos oscuros y penetrantes. Era muy alto, tanto que su cabeza apenas le llegaba al pecho. Transmitía un aura de peligro y frialdad.
En ese momento, Jessica tomó una decisión. Si Mateo le había sido infiel, ¡ella no tenía por qué seguir siéndole leal!
Tras reflexionar unos segundos, se apoyó en el pecho del hombre y lo rodeó con sus brazos por el cuello.
Desesperada por el cariño, Jessica lo besó apasionadamente apenas entraron en la habitación.
Él colocó una mano firme bajo sus caderas, ayudándola a envolver su cintura con sus largas y esbeltas piernas.
Al notar que ella temblaba ligeramente, el hombre rio entre dientes y dijo: "¿Tienes miedo? Tranquila. No te dejaré caer".
Aunque era de complexión delgada, tenía brazos musculosos con venas marcadas y sus hombros anchos irradiaban una potente masculinidad.
Se fundieron en un beso profundo. Sus respiraciones se mezclaban de forma caótica, y la habitación se llenó de los suaves e íntimos sonidos de su abrazo. Se entregaron a una pasión sin límites, y la intensidad de su encuentro fue explosiva.
Cuando despertó, el hombre estaba de pie, de espaldas a ella, ajustándose el cinturón.
Jessica se dio cuenta de que él la había limpiado, lo que demostraba su consideración tras la intimidad. Su mirada observadora se fijó en el cinturón del hombre: era una edición limitada de Hermes, que valía al menos treinta mil dólares. Aquello le reveló que su amante de una noche era un hombre adinerado.
"Y ahora, ¿qué?". Jessica, sin experiencia en aventuras de una noche, no sabía qué seguía después de algo así.
Al girarse, el hombre notó que estaba despierta y desnuda. Su mirada se posó brevemente en una mancha rojiza sobre las sábanas blancas. "Cincuenta mil. ¿Te parece suficiente?".
Jessica se sorprendió. "¿A qué te refieres?".
El hombre había visto su encuentro como algo casual, sin saber que ella había sido virgen; sin embargo, la combinación de inocencia y desenfreno que ella había mostrado la noche anterior lo había impresionado de verdad. Hacía mucho que no se sentía tan complacido y estaba dispuesto a compensarla por la experiencia. "Es justo lo que oyes. Si no es suficiente, puedo subir la cantidad".
Jessica comprendió lo que él insinuaba. "No es necesario. Fue algo consensuado. No hay necesidad de ponerle un precio". Ponerle un precio implicaría que se estaba vendiendo.
Jessica vaciló al intentar levantarse para vestirse. Solo entonces se dio cuenta de lo adolorida que estaba por el arrebato de la noche anterior; apenas podía mantenerse en pie.
El hombre la sostuvo rápidamente por la cintura, mientras recordaba su espíritu libre de la noche anterior. Tenía la piel suave y tersa y, a pesar de su falta de experiencia, sus gemidos de placer eran particularmente cautivadores. Él comentó con indiferencia: "Pues, estoy bastante satisfecho contigo. Eres bastante salvaje. ¿Qué te parece si somos amigos con derechos?".
Aunque Jessica había tenido un primer encuentro memorable con este hombre, lo veía únicamente como un medio para un fin. Le dio un beso juguetón en la mejilla. "¡Qué va! Lo de anoche fue solo por diversión".
Después de regresar a casa, Jessica se tomó una ducha larga y caliente. Aquel hombre había sido muy intenso, y su cuerpo estaba cubierto de numerosos chupetones y mordiscos. A pesar de eso, la experiencia la había dejado profundamente satisfecha y con una fuerte sensación de venganza.
Mateo solía llegar tarde, pero ese día había llegado temprano a casa.
Cuando Jessica salió de la ducha, envuelta en una bata de baño, se encontró con él.
Los chupetones en su cuello eran muy evidentes.
Mateo se le acercó de inmediato, con voz tensa. "Jessica, ¿me has sido infiel?".