Entré sin dudar en la iglesia de al lado, apoyé la mano sobre el ataúd de un desconocido y dije: "¡Si estoy destinada a casarme, prefiero hacerlo con un hombre decente, aunque esté muerto, que pasar mi vida con uno que está vivo pero podrido hasta la médula!".
Pero nunca imaginé que el hombre en el ataúd abriría los ojos. Y no era una persona cualquiera, sino una de las figuras más influyentes y temidas de todo el país.
...
En el hotel Corona Imperial de Oqruron, Alina Riley estaba sentada frente al espejo del tocador, en silencio.
Su vestido de novia se amontonaba con elegancia alrededor de sus pies y su maquillaje estaba aplicado a la perfección.
Su reflejo era sin duda hermoso, pero en el fondo de sus ojos se percibía un rastro de ansiedad.
Llevaba esperando mucho más tiempo del debido.
Ya había pasado la hora prevista para la ceremonia, pero aún no había ni rastro del novio, Alan Hopkins.
Las conversaciones llegaban desde el pasillo, y cada frase la hería profundamente.
"No puedo creer que estén celebrando una boda aquí hoy. ¿No saben que el funeral de Kellan Gilbert se está llevando a cabo justo al lado? Su ataúd está en la iglesia contigua".
"Escuché que la novia no es más que la hija de una sirvienta que de alguna manera consiguió atrapar a Alan Hopkins. La familia Hopkins probablemente eligió esta fecha a propósito para avergonzarla".
"¿Una chica de su clase casándose con alguien de la familia Hopkins? Por favor. No me sorprendería que hubiera recurrido a algún método deshonesto para llegar hasta ahí".
Alina sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
Kellan era el heredero de la familia Gilbert, la más poderosa de las cuatro familias de élite de Oqruron. Su nombre se había convertido en una leyenda en los círculos empresariales.
Antes de cumplir los veinticinco años, ya había tomado el control del Grupo Gilbert y se había forjado una reputación que inspiraba tanto admiración como temor.
Sin embargo, un grave accidente automovilístico lo había dejado al borde de la muerte y acababan de confirmar que no había sobrevivido.
El hecho de que su boda se celebrara el mismo día que el funeral de un hombre tan notable no le parecía una coincidencia, sino una broma cruel.
Alina apretó los puños con tanta fuerza que el encaje de su vestido se hundió en su piel y le dejó marcas rojas en las palmas.
El dolor la sacó de sus pensamientos. Entonces tomó su celular para llamar a Alan.
El teléfono sonó varias veces, pero nadie contestó.
Frunció el ceño. Luego, se recogió la falda del vestido con las manos y se dirigió al vestidor del novio.
La puerta no estaba del todo cerrada.
Justo cuando iba a tocar la manija, oyó un sonido sugerente desde el interior que la dejó paralizada por la conmoción.
Una voz de mujer murmuró desde el interior con tono coqueto: "Ay, Alan, qué malo eres...".
"Tú eres la que me hace perder el control", respondió él, con la voz cargada de afecto.
Alina se quedó inmóvil, temblando de pies a cabeza. Poco a poco, se asomó por la estrecha abertura de la puerta.
En el sofá, un hombre y una mujer estaban abrazados en una postura comprometedora.
Sintió una oleada de repulsión tan abrumadora que casi perdió el equilibrio.
Reconoció a la mujer de inmediato. Era Jessica, la hija de la adinerada familia Hayes, que había empleado a su madre como sirvienta durante la última década.
Alan rodeaba con un brazo la cintura de Jessica Hayes mientras le susurraba al oído: "Cariño, una vez que ese video se proyecte en la pantalla grande, la reputación de Alina quedará destruida. Solo es la hija de una sirvienta. Ni siquiera es digna de estar a tu lado".
Jessica soltó una suave carcajada. "¿Algo así el mismo día que se supone que te casas con ella? Si alguna vez se entera, probablemente se volverá loca".
La expresión de Alan se ensombreció. "Ni la menciones. Si no hubiera necesitado su ayuda para organizar los materiales del proyecto, no le habría prestado atención en absoluto. El objetivo de esta boda siempre fue desenmascararla y ponerla en su lugar".
Alina sintió que el mundo se tambaleaba bajo sus pies.
Así que, al final, eso era todo lo que había sido para él: una herramienta útil de la que aprovecharse y luego desechar.
Jessica sonrió con arrogancia. "Alina nunca fue competencia para mí".
Alan la besó con cariño antes de decir: "Por supuesto. Estás en el Instituto de Investigación Oqruron. Comparada contigo, Alina es insignificante. ¿Cómo podría estar a mi altura?".
Alina se mordió el labio con tanta fuerza que sintió el sabor de la sangre. Se dio cuenta de que a Alan no le bastaba con humillarla, sino que quería destruir por completo su futuro.
Una leve sonrisa fría se dibujó en su rostro.
Luego, dirigió la mirada hacia la alarma de incendios cercana.
Sin dudarlo, extendió la mano y la jaló.
El estridente sonido de la alarma resonó de inmediato en todo el piso.
"¿Qué está pasando?", gritó alguien.
"¡La alarma parece venir del vestidor del novio!", exclamó otra persona.
"¡Rápido, comprueben qué pasó!", ordenó alguien más.
Se escucharon pasos apresurados por el pasillo mientras la gente corría hacia la fuente de la conmoción.
Los empleados del hotel y los huéspedes se agolparon rápidamente frente al vestidor antes de que alguien empujara la puerta para abrirla.
Alguien encendió de inmediato las luces del interior.
Todos vieron a Alan y Jessica sentados en el sofá, completamente desaliñados, y su aspecto no dejaba lugar a dudas sobre lo que habían estado haciendo momentos antes.