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Historia

Capítulo 4 Geografía de una Posesión

Palabras:1369    |    Actualizado en: 30/10/2025

mblorosa, se ajustó la blusa sobre sus hombros, la tela rozando su piel hipersensible como un recordatorio de cada lugar que sus manos habían reclamado. El aire, estático y frío por el ai

perfectamente doblada sobre un sillón, pero su camisa blanca, aunque abotonada, carecía de la corbata. Era una concesión mínima a l

izo estremecer. Bebió, evitando su mirada, sintiendo el peso de sus ojos grises escaneando cada d

oz un eco ronco de los gemidos

ial. -Hizo una pausa, dejando que el símil, tan propio de su mundo, calara hondo-. Fuera de esta habitación, la fachada es innegociable. Usted es la diseñadora jefe. Yo soy el CEO. Nada ha cambiado. -Su mirad

po era un testigo demasiado elocuente de la nueva verdad. Cada músculo le dolía con una d

pitió, como un mantra, una afir

o. Dio un sorbo a su agua y luego señaló con la cabeza hacia una puerta

que sentía, fue casi más violenta que el acto mismo. La estaba gestionando, limpiando

l baño, se apoyó contra la puerta, jadeando. Su reflejo en el espejo era el de una extraña. Los labios, hinchados y sensibles. Las mejillas, sonrojadas. Y en el cuello, la marca, un óvalo violáceo que se oscurecía min

icina estaba en orden. El escritorio, limpio. El aire, renovado. Él no estaba. Por un momento, todo parec

cisos, no daban pie a ninguna complicidad. Ni una mirada de más, ni un tono que sugiriera el conocimiento íntimo que ahora poseía de ella. Valeria, por su parte, luchaba por mantener la

uzaron frente a la máquina de

vel tres, señorita Rossi? -preguntó él

ñor Thorn -respondió ella, con u

, pero suficiente para posarse en el moretón que su blusa no lograba ocultar del todo-. Ase

rtó la respiración. Antes de que pudiera articular respuesta, é

tarde. Un correo electrónico escueto: "

n espacio de trabajo; era el escenario de su rendición. Él estaba sen

la puert

ue la puerta se cerraba era un

isos-. Han ganado en profundidad. Hay una textura emocional que antes faltaba.

ajo sus pies. ¿Estaba evaluando su des

ió, clavando la mirada en un

e un depredador que sabe que su presa no tiene escapatoria-. Usted ofreció

No la tocó, pero el esp

logró decir, con una chis

Usted me da el control, y yo le doy a cambio... ¿qué, Valeria?

centro del moretón en su cuello. Fue una caricia eléctrica, un

más hondo de ella- es un recordatorio. De que

ás profundo, más devastador porque conocía ya el territorio de su boca. Y ella, para su propia y aterrada fascinación, respondió. Se in

ías brillaban con la satisfacción oscura de un

voz ronca-. Mañana. 7

eseo. Y lo más aterrador, mientras caminaba por el pasillo vacío, era descubrir que una parte de ella, la parte que había gritado su nombre contra el ébano pu

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