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doctora de mi esposo, Javier, y su severo TOC de contaminación, so
ompía cada una de sus reglas patológicas por su amante: le besaba los pies, compartía p
eger su reputación, amenazó con cortar el tratam
anunciar públicamente que yo era estéril y re
an sido una farsa diseñada para controlarme y hum
a de reporteros, me entregó el guion par
"Estoy aquí hoy para anunciar que mi ma
ítu
sta de Alys
y agotada doctora. Pero incluso en ese experimento estéril y controlado, nunca esperé encontrar la envoltura de u
de contaminación de Javier Garza. Seis años convirtiendo nuestra casa en un ambiente prístino, casi quirúrgico, solo para él.
tenía que ser desinfectado. Él inspeccionaba mis uñas en busca de cualquier rastro de suciedad, su mirada fría y crítica. Se se
sutil que yo usaba. Era empalagoso, casi enfermizamente azucarado. Se aferraba a los asientos de piel, una mancha vulg
piernas como gelatina. Javier estaba en su estudio, probablemente desinfectando su escritorio de nu
a, sosteniéndola entre el pulgar y el
iversario
ego a mí, su r
o? ¿Algún cliente de
, despectiva y completame
nadie más entre en mi coch
siado tranquila, como una
mago. Sabía que su coche era su espacio sagrado, una fortaleza contra las impurezas del mundo. N
, mi voz apenas un susurro. Mi propia voz m
cogió de hombros, vo
izás estás estresada. ¿Por
uito defectuoso, una moles
lamar. El asistente ejecutivo de Javier, un hombre nervioso llamado Arturo, siempre me había te
imer timbrazo, su voz
mírez? ¿Está
ja y firme, "necesito que
e. El silencio se alargó, d
palabras saliendo en
la kermés de Coyoacán. Él le estaba... besando los
e hacía frotarme hasta dejarme la piel en carne viva, que retrocedía ante una mota de polvo. Mi
ue me impuso", susurré, las pala
llena de un remordimient
Intenté advertirle. Ella... ella
izó. El shock estaba dando paso a algo frío
resonó en el espacio vacío de mi mente, c
helada se había apoderado de mí. La llamada frenética de Arturo me había advertido que Javier y Karla estaban en una "reunión privada".
u rostro pálido y demacrado. No intentó detenerme. Solo obs
a de acceso de emergencia, una reliquia de un tiempo en que confiaba en mí, cuando mi papel era
normalmente lo habrían vuelto loco, Karla estaba sentada en el regazo de Javier. Sus manos estaban enredadas en su cabello, su lápiz labial rojo brillante manchado en su mandí
to del regazo de Javier, con los ojos desorbitados por la sorpresa. Javier
e su escritorio, un regalo de su padre, y lo estrellé contra el suelo de
eta en el cristal. No, su preocupación era por el posible daño a su perfecto y estéril ambiente. Mi cora
, rompió a llorar, aferr
.. ella acaba de ata
io pulcramente impresos de mi maletín y los arrojé sobre su escritorio.
e, mi voz plana
cogió, frunci
olo una pasante de derecho, me estaba ayudando con unos archiv
a, una instrucción silenciosa
secándose lágri
aba tan agotada, y el señor Garza fue
voltura de condón usada en tu guantera, Javier, olía sospechosamente al perfum
ndo, un temblor de pur
te construida se resquebrajó. Miró furioso a Karla, qu
do a un tono bajo y coercitivo. "Piensa en tu reputación. En m
r mi mano, p
Karla, su voz de repent
me encargo de esto. No
presionando un
frente a mí. Seis años de mi vida, seis años de cuidado meticuloso, y l
el afecto de Javier, me
osa. Javier merece a alguien que lo aprecie,
a bofetada aguda y resonante retumbó en la habitación. Karla gritó, llevándose la mano
sus ojos ardiendo, un rugido pr
Qué demonios
rrando mi brazo,
ad, enterró su rostro en el pec
a nuestro bebé, Javier!
rensión de en lo que me había convertido. Una mujer capaz de violencia, impulsada por un odio que no sabía que poseía. Seis años sacrificando mis pro
o del agarre de Javier. Mi voz era fría, afilada y completamente desprovista de calidez. "¿Crees que mi
era una mezcla de
a. Te estás deshonrando a t
honra, Javier? Rompiste cada regla, cada promesa. Invitaste la suciedad a
ían, fijos e
ra familia son muy claras. Y tú
de divorcio de nuev
que todos sepan exactament
acero, cerrándose de go

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