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un ma
fría y meticulosamente planeada por e
veinte
tasma del bisturí de un cirujano abriéndome la carne mientras mis gritos resonaban sin que nadie los oyera. Recuerdo mirar a través del cristal de observación y verl
la. Siempre la
ces, de
ramada. Mi cuerpo estaba completo, sin cicatrices. La línea de tiempo se había reiniciado, u
exilio disfrazado de liquidación-, no lloré. No rogué. Mi corazón,
estaba hablando
había vivido su t
En una casa de seguridad secreta, suturé las heridas de un soldado cegado, un hombre cuya vida pendía de un hilo. Él nunca vio mi rostr
espiadado. El hombre con el que mi hermana
una mentira a un kilómetro de distancia, creyó el hermoso engaño porque quería que fuera verdad. Quer
a ellos, y me silenciaron en una mesa de operaciones.
é. Dejaré que Sofía Villa
seré una
é el cordero lle
eraré, con la paciencia de los muertos, a ver su mundo entero arder. Porque un fan
ítu
sta de Sofí
rid, plenamente consciente de que en otra línea de tiempo, este era el momento exacto en que
ilado contra mi pulgar
eto de pri
ación para una hija
bos, el Patrón del Cártel
equila añejo, el líquido ámbar arremo
a el mismo tono indiferente que usaba al orde
é las
sas. Sin c
el dolor fantasma de un
stériles, cegadoras y
a haber
ación y verlo a él de pie, observándome
la vid
alguna manera
, todavía es
ente, a
ar -dijo mi madre desde la
o de diamantes en su dedo. Atrapó la luz,
co me
retrato de Isabella que
futura esposa del Capo. El ro
ra las re
co de
en el sótano, solo reconocido cu
sario, Sofía -dijo mi padre, fi
bo lento de
eroso. La alianza requiere una nov
esto
educada de decir
urante las guerras territo
e me estaba
uridad en las afueras de la ciudad, sut
la mano de Dante Montenegro
susurró oraciones al oído cuan
a vio m
noció el aroma a vainilla y
s siete puntos que le ha
ta, mi padre e Isabell
eclamó mis
mó mi
tectar una mentira a un kilómetro de distancia, cre
iña de oro fuer
rmana in
boleto d
dr
un e
e muerte para Sofía
icado de nacimient
pasada, hab
a ll
ran quedarme. Había intentad
nciado en una me
, no sen
un bloque de hi
do, Padr
ras sabía
ecía sorprendido por m
imas. Esperab
taba hablando c
ca tus cosas. No hagas una escena en la fiesta de comp
ta para salir
almente leva
ndante, Sofía -dijo, su voz goteand
espo
rtas de roble y las cerr
lo, mis pasos silenciosos
Madrid
ar que se
e naipes arder, y ni siqu
ría sobre

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